China da un giro anticapitalista por A. Cruz (Parte-2)

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China da un giro anticapitalista

por A. Cruz

RED VOLTAIRE | 23 DE AGOSTO DE 2021

https://www.voltairenet.org/article213801.html

  

LA IMPORTANCIA DE LA EDUCACIÓN

          En ese camino de 40 años, China ha ganado mucho pero también perdió mucho en términos de ‎filosofía y de valores. El consumismo ocupa, como en nuestras sociedades occidentales, ‎un lugar central. La mentalidad frívola, ansiosa e indolente, también. Los sueños de ‎los burgueses chinos son casi los mismos que en Occidente. Pero, a diferencia de otras partes, ‎en China hay mucha resistencia a esas tendencias, especialmente en las universidades y en un ‎sector nada desdeñable de la juventud. Esa resistencia “universitaria” ya ha obligado ‎al gobierno a modificar el rumbo para alejarse en algo del modelo de enseñanza occidental y ‎recuperar el modelo propio [1].‎

          La resistencia de los sectores universitarios tiene un notorio éxito: en enero de 2020 ‎el Ministerio de Educación emitió una normativa que obliga los establecimientos de enseñanza ‎primaria y secundaria a usar sólo libros chinos, ante el hecho que muchas escuelas utilizaban ‎libros de texto extranjeros. La justificación de esa medida no tiene contra-argumentación ‎posible puesto que se señala como objetivo «desarrollar la autonomía académica en lugar de seguir ciegamente la educación extranjera».‎

          En ese mismo sector se ha visto otro movimiento, no inesperado pero sí sorprendente por ‎su energía: en julio de 2021 se vio una arremetida contra el muy lucrativo sector de la ‎enseñanza privada. La ofensiva tomó 2 formas: China fortaleció el control sobre la enseñanza ‎privada y, al mismo tiempo, incrementó los fondos y medios dedicados a la enseñanza pública. ‎

          En China la educación está muy por encima de la media de cualquier país, especialmente en ‎el ámbito universitario, y las academias privadas, los cursos privados de apoyo y preparación a ‎los exámenes y la educación competitiva llevaban mucho tiempo haciendo su agosto… ‎hasta ahora. Los nuevos ricos, obsesionados con el éxito de su prole, no tienen reparos en ‎gastar lo que sea para que sus retoños se hagan un huequito entre la élite. Eso ha permitido ‎que haya gigantes de la educación parecidos a Jack Ma y algunos de ellos son quienes usan como ‎referencia el modelo educativo de Estados Unidos. ‎

          La nueva ley aprobada por el gobierno chino para el sector de la educación restringe bastante los ‎privilegios de que gozaba la enseñanza privada. No sólo eso, sino que también está recuperando ‎textos escolares de contenido propio, alejándose del «modelo occidental» y limitando también ‎esta forma tan importante de penetración del capitalismo en las nuevas generaciones. Prácticas ‎que hasta ahora fueron, si no alentadas, al menos toleradas, ahora ven restringido su marco de ‎acción.‎

          Y por si todo eso fuera poco, este mes de agosto ha estado marcado por la adopción de medidas ‎sobre la industria de los videojuegos y su impacto en los menores. Pero aquí hay que hacer una ‎salvedad: la acción no ha venido del gobierno sino de un sector del gobierno.‎

          La historia comienza el domingo 1º de agosto, cuando el Diario de Información Económica, ‎vinculado a la agencia de noticias Xinhua, publicó una investigación que calificaba los juegos ‎‎online como «opio espiritual», «droga electrónica» para los jóvenes y estimaba que no debe ‎subestimarse su impacto en la salud de los adolescentes. En China, hablar de opio es como ‎mencionar el diablo porque todavía se mantiene el recuerdo de la «guerra del opio» que ‎Occidente utilizó para hundir el imperio chino e invadir el país. La «guerra del opio» permitió a ‎Gran Bretaña anexar Hong Kong y la drogadicción se generalizó, favorecida por las potencias ‎occidentales.‎

          La consecuencia inmediata fue que, al día siguiente, la principal empresa de videojuegos del país ‎perdió en la bolsa más de un 6% y hubo otras que perdieron hasta un 12%, lo cual representa ‎miles de millones –se dice que el equivalente a 55 000 millones de euros.‎

          El revuelo fue mayúsculo y algo debió suceder dentro del gobierno o en el Partido porque ‎el artículo fue suavizado con otro en el que desaparecía la expresión «opio espiritual», aunque ‎se mantenía todo lo demás. Por ejemplo, que la adicción a los juegos online tiene «un impacto negativo en la fisiología y en la psicología de los adolescentes», que «afecta el rendimiento académico» y que «conduce a trastornos de la personalidad».‎

          Por una parte, el hecho que algunas expresiones se hayan “suavizado” o hayan desaparecido, ‎mientras se mantuvo el grueso del artículo, indica que hay una lucha evidente entre quienes ‎apuestan por el negocio y quienes se preocupan por la población. El sector de los juegos ‎‎online, como en todas partes, es muy lucrativo y genera ganancias por cientos de miles de ‎millones. Y ha habido una especie de “explicación” ya que en un artículo posterior, publicado ‎el lunes 2 de agosto, se dice que es «inmoral culpar a las compañías de videojuegos» porque ‎‎«los padres y la comunidad en general son responsables de abordar el juego excesivo» y que ‎‎«las escuelas, los desarrolladores de juegos, los padres y otras partes deben trabajar juntos».‎

          Pero las empresas han percibido la llamada de atención. La más importante de ellas –Tencent, que ‎controla la mitad del mercado chino– dijo el martes –un día después de registrarse las pérdidas– ‎que va a introducir «salvaguardias tecnológicas para limitar el tiempo de juego a los menores de ‎‎12 años». Tencent dice que impondrá un sistema que sólo permitirá jugar una hora diaria en ‎días escolares y 2 horas durante los fines de semana y días feriados, sólo hasta las 10 de la ‎noche y nunca antes de las 8 de la mañana. Tencent también anuncia que inspeccionará a ‎cualquier usuario que siendo menor de edad finja ser adulto.‎

          En cualquier caso, es interesante la publicación del artículo, donde se señalaba que diversas ‎encuestas han demostrado que casi un 12% de los alumnos juegan todos los días, que más de ‎un 26% lo hace cada 2 o 3 días y que deben implementarse medidas que complementen ‎las que ya se han puesto en marcha sobre la enseñanza privada, sobre todo en materia de ‎tutorías, para salvaguardar el bienestar social y construir un entorno cibernético saludable, ‎porque se apunta así al desarrollo económico y social a largo plazo. El artículo decía también ‎que «no se puede permitir que ninguna industria se desarrolle de una manera que destruya una generación».‎

          Por supuesto, lo palabra menos dura que se ha dicho sobre esto en Occidente es «represión». ‎Como es lógico, en Occidente se habla de las pérdidas económicas –no sólo de las compañías ‎chinas, sino de las occidentales–, se estima que supondrán un billón de dólares y se preguntan si ‎‎«la represión de Xi contra las empresas de tecnología y tutoría [referencia a la enseñanza ‎privada] se detendrá ahí». Aquí es importante el lenguaje: Rusia es «la Rusia de Putin», ‎China es «la China de Xi». Pero a nadie se le ocurre hablar de «los Estados Unidos de Biden», de «la Gran Bretaña de Johnson» o de «la Francia de Macron». Putin y Xi ‎personalizan toda la maldad del mundo y tiene que quedar claro siempre.‎

          Evidentemente, arremeter contra las medidas chinas no es políticamente correcto porque ‎en Occidente se hace lo mismo, aunque no se actúa como en China. Por eso en un primer ‎momento se dijo que «se teme que vaya demasiado lejos», que «dañe el sector» y que eso ‎supondrá «dañar el crecimiento a corto plazo y la innovación a largo plazo». O sea, que ‎se puede vigilar (sólo un poquito) a los monopolios de los videojuegos pero, eso sí, sin asustar ‎porque esa vigilancia «genera una reducción del crecimiento del Producto Interior Bruto».‎

          En todo caso, «China (la China de Xi, expresión que ya se repite de forma machacona) está restringiendo la economía privada» y eso supone que «los consumidores también están sufriendo».‎

          De manera muy gráfica nos dicen que «los líderes del Partido Comunista parecen cada vez más cómodos aceptando un daño económico considerable para lograr objetivos no económicos». ‎Esto es la expresión del capitalismo en estado puro: lo único importante es la economía y ‎no lo social, que el capitalismo considera parte de «objetivos no económicos».‎

          En medios chinos izquierdistas chinos, que los hay (claramente maoístas), se habla muy bien de ‎las medidas del gobierno «contra las tendencias antisociales», se resalta que «frenan los excesos del desarrollo capitalista» y «reafirman la primacía del socialismo». No he visto este ‎discurso en las páginas gubernamentales, pero algo de eso hay.‎

          Tanto que, ahora sí, cuando ya han pasado unos días, son muchos los medios de propaganda ‎occidentales que hablan de la «nueva represión». Y se leen cosas como ésta: «Alibaba ‎‎(la empresa de Jack Ma) y Tencent, dos de las empresas más grandes de China y entre las más visibles para los inversores internacionales, han recibido grandes golpes». También ‎nos dicen que «muchos inversores estadounidenses están tratando de anticipar posibles objetivos para la próxima represión de China». O que «Muchos analistas han recurrido a leer viejos discursos del presidente Xi y analizarlos en busca de pistas sobre otras empresas y negocios que podrían ser blanco de ataques».‎

          Bloomberg, que controla más de un tercio de toda la industria financiera del capitalismo, ‎es quien da la pista definitiva: «Xi ha denunciado el contenido en línea “obsceno”, la desigualdad educativa y la especulación sobre el precio de la vivienda en los distritos escolares populares». Y ‎recalca: «en este punto deberíamos saber que Xi generalmente cumple lo que dice».‎

EL ORIGEN: EL XIV PLAN QUINQUENAL

          A lo mejor se puede dar una pista de por dónde irán ahora las cosas: los bienes raíces (edificios, ‎terrenos, o sea vivienda), disponibilidad y asequibilidad de la atención médica (la experiencia ‎acumulada durante la epidemia de Covid-19 es determinante) y la jubilación (protegerla y ‎asegurarla en condiciones óptimas). No hay que olvidar que China cuenta 1 400 millones de ‎habitantes. Habrá sin duda más sectores –como la educación, aún en proceso de renovación ‎pese a lo referido más arriba–, pero el camino está claro y marcado desde un poco antes de ‎estos movimientos anticapitalistas o de freno al capitalismo. Es lo que en China se conoce ‎como «abordar las tres grandes montañas», que son la sanidad, la educación y la vivienda.‎

          El camino que China recorre se trazó en el XIV Plan Quinquenal, aprobado en el XIX Pleno del ‎Comité Central del PCCh, realizado del 26 al 29 de octubre de 2020. Ese camino establece una ‎‎«combinación flexible» de capital público y privado, aunque destacando que «es el Estado el sujeto principal de la economía y quien establece las condiciones económicas». O sea, ‎el interés de las empresas privadas está subordinado al Estado, como ha quedado ‎palmariamente comprobado con la pandemia y en la forma cómo China la enfrentó y está ‎quedando muy en claro también ahora, o más, con las medidas aprobadas –y las que vendrán.‎

          Esas medidas están causando sorpresa y alarma en el mundo capitalista occidental. ‎

          La transnacional financiera estadounidense Morgan Stanley ha sido quien más claramente lo ha ‎expresado hasta ahora, el 8 de agosto de 2020: ‎


               «Está produciéndose un profundo cambio de política en China. Para lograr los objetivos ‎de garantizar la estabilidad social y hacer que el crecimiento económico sea ‎más sostenible, los responsables de la formulación de políticas han iniciado un ciclo de ‎endurecimiento regulatorio de gran y amplio alcance. Este nuevo rumbo dará forma a ‎la evolución de la economía y los mercados de capitales de China en los próximos años ‎‎(…) Si bien este cambio de política no debería sorprendernos, dado que la desigualdad de ‎ingresos es un problema mundial, la velocidad, la escala y la intensidad de las medidas ‎que estamos viendo en China hoy son inesperadas.»‎

          Efectivamente, no se lo esperaban. Como tampoco han entendido ni entienden a China ‎ni el marco en el que todo esto se está haciendo: la conmemoración del centenario del Partido ‎Comunista. Porque lo que dice el XIV Plan Quinquenal es que cuando China habla de ‎‎«prosperidad común» y de ser un «país moderadamente próspero», es precisamente lo que ‎está haciendo con la «circulación dual o doble circulación», que es reequilibrar la economía china ‎hacia el consumo. En otras palabras, se acabó aquello de ser la fábrica del mundo. ¿Más claro ‎aún? China quiere menos capitalismo.‎

          Morgan Stanley afirma que esto es «un paso atrás desde la perspectiva macroeconómica». Pero ‎esto era previsible desde que se anunció que China ha logrado acabar con la pobreza absoluta. ‎Se supuso que China, como Occidente, iba a quedarse ahí, manteniendo un porciento “aceptable” de su población en la pobreza. ‎

          Pero no ha sido así. China ha vencido una etapa y está abriendo otra, para acabar con la pobreza, ‎pero con la pobreza en general, sin adjetivos. Por eso se habla de ser un «país moderadamente próspero» y, para eso, ya alcanzada la primera meta –la eliminación de la ‎pobreza absoluta– habrá luchar ahora contra la desigualdad y acabar con ella.‎

          De eso va el XIV Plan Quinquenal chino. Si se quiere reequilibrar la economía hacia el consumo, ‎como se dice, hay que elevar el nivel de los salarios. En eso se trabaja. El año pasado, habiendo ‎vencido ya el coronavirus, China incrementó el salario mínimo en un 46,7%. Está claro que un ‎aumento de salarios ayuda a los hogares… pero también afecta a los empresarios porque ganan ‎menos. Es la eterna lucha entre capital y trabajo y en China ahora está ganando el trabajo. ‎Por eso hay tanto nerviosismo, y malestar, en los grandes centros del capitalismo mundial que, ‎quiérase o no, no están en China. Como dice Morgan Stanley: ‎

               «El resultado es que, a corto plazo, los efectos del ciclo de endurecimiento regulatorio ‎deberían frenar el sentimiento empresarial general, reducir la inversión privada y afectar ‎el crecimiento a futuro. También puede disuadir a los inversores globales de profundizar su ‎participación en los mercados de capital de China.»‎

          Hay que recordar la famosa estrategia de «doble circulación» diseñada en este XIV Plan ‎Quinquenal apuesta claramente por el consumo interno frente a las exportaciones. Es decir, ‎China mira más hacia dentro que hacia fuera, en todos los parámetros. Esto debe permitir ‎a China impulsar el desarrollo socioeconómico de su población tanto a corto como a mediano ‎plazo y –lo más importante– libre de presiones externas. ‎

          Todos los movimientos aquí mencionados apuntan en esa dirección porque van dirigidos a sectores ‎en los que hay, por una parte, interés de los inversores extranjeros, con lo que se limita un tanto ‎dicho interés del capital foráneo, y, por otra parte, se los circunscribe a un ámbito mucho ‎más nacional y dentro de los parámetros establecidos por el Partido Comunista.‎

RED VOLTAIRE | 23 DE AGOSTO DE 2021

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