SIONISMO JUDIO Y HOLOCAUSTO PALESTINO

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SIONISMO JUDIO Y HOLOCAUSTO PALESTINO

         13.000 palestinos, entre ellos 5.500 niños, asesinados por los sionistas israelíes. Hospitales y escuelas de la ONU bombardeados, poblaciones arrasadas, privados de agua, alimentos, medicinas, combustible y cobijo, expulsados de sus tierras. Una auténtica masacre, una “gran matanza de seres humanos”, como define el diccionario al término “holocausto”. 

          Continuando con el vano intento de entender este comportamiento criminal del Estado judío con los palestinos, vuelvo a dar un gran salto en el tiempo, desde la invasión de Palestina (entonces Canaán) por los judíos allá por el 1.400 a.C. y el consiguiente casi exterminio y expulsión de los miembros de las siete naciones que lo habitaban, hasta el 586 a.C., cuando, tras la toma de Jerusalén por los babilonios, las dos tribus del Reino de Judéa fueron deportadas por aquellos a Mesopotamia, a Babilonia, curiosamente cerca de Ur de Caldea, la tierra de la que provenían. En el 537 a.C., un rey persa que conquistó Babilonia les permitió a los judíos regresar, dándoles un estatus semi-autonómico que no pasaba de ser un ente dependiente de Persia, como sucede actualmente con la CAV de Urkullu respecto a España.

          Mas tarde, en 722 a. C., los asirios deportaron a las otras diez tribus, las del Reino de Israel, a su país, a Nínive, exilio que duró 22 años. No fueron estos los únicos exilios de los judíos en la antigüedad, porque durante la ocupación por parte de los romanos, los judíos se rebelaron una y otra vez para recuperar su independencia. Tras la última tentativa dirigida por Bar Kojba en 135 d. C., con el emperador Adriano comenzó la gran matanza de judíos, su venta como esclavos y la expulsión de las tierras que ocupaban, dispersándolos por las comunidades judías que se habían ido estableciendo, aunque seguían considerando a Palestina como su Tierra Prometida y a Jerusalén como su Ciudad Santa. Han formado, a partir de entonces, comunidades en muchos países, pero sin disolverse o integrarse en las diferentes naciones que les han acogido.

          En épocas más recientes, las comunidades judías fueron expulsadas de muchos lugares, como en 1498 de Nafarroa, 1492 de España, 1496 de Portugal o 1657 de los Países Bajos. Llegamos en un salto a los 6 millones de judíos exterminados por los nazis en la época hitleriana. Parece que todas estas calamidades sufridas por los hebreos, los judíos, desde hace muchos siglos, las matanzas, persecuciones, expulsiones… han generado un ansia de venganza, de desquite, de exterminio, muy por encima del “diente por diente”, puesto que, salvo en el caso de los romanos y los nazis, las expulsiones y los exilios no implicaron matanzas, ni siquiera encarcelaciones de judíos, ni en Asiria ni en Mesopotamia, por lo que la crueldad mostrada por el Estado de Israel contra los palestinos, en el día de hoy, no tiene una explicación histórica. Habría que buscar las claves en la geopolítica y en los intereses imperialistas y económicos de los yanquis y sus aliados.

          El sionismo es una ideología que propone el establecimiento de un Estado para el Pueblo Judío, en la antigua Tierra de Palestina, aquella que invadieron y conquistaron por orden de Yavé y de la mano de Josuá. El término sionista hacía referencia en principio, al monte Sión, cerca de Jerusalén, extendiéndose después el concepto a toda Palestina. El I Congreso Sionista, en 1897, ya planteó la idea de establecer un hogar para el Pueblo Judío. Un sector planteaba que lo importante era tener un Estado propio para dejar de ser perseguidos, pero otro, el sionista, proponía desde el principio establecerlo precisamente en Palestina, argumentando vínculos históricos con ese territorio.

          El Reino Unido ofreció en 1903 a los judíos, como Patria, una parte de su antiguo territorio británico en África Oriental y en Kenia, pero en 1905 los judíos rechazaron la oferta. Argentina, con sus amplios espacios, también fue una opción barajada, con la ventaja en ambos casos, de que allí no había ninguna población establecida, pero se impuso la corriente sionista de que tenía que ser en la Palestina que ellos habían conquistado hace más de 30 siglos. Hubo otras propuestas en Australia, Canadá, Egipto… incluso en Rusia, en Siberia, se creó una Región Judía Autónoma en 1934. Cuando el Reino Unido volvió a apoyar las aspiraciones sionistas en 1917, advirtieron que “quedaba claramente entendido que no debe hacerse nada que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de las comunidades no judías existentes en Palestina”, advertencia totalmente ignorada por los sionistas, pues este apoyo dio pie a la pronta llegada de 100.000 emigrantes judíos, que provocó la negativa reacción, sintiéndose amenazada, de la población árabe; terminada la 1ª Guerra Mundial en 1918, grandes grupos de judíos volvieron a emigrar a Palestina, entonces protectorado británico, desplazando a la población árabe.

          Tras la 2ª Guerra Mundial, los movimientos subversivos judíos, Stern e Irgún, realizaron acciones violentas contra el propio ejército británico, como las bombas en el Hotel King David, con 91 víctimas o la matanza de muchos soldados británicos. La diplomacia internacional propuso la creación, en el territorio palestino, de dos Estados, el de Israel y el Palestino. En 1948 se reconoció internacionalmente la fundación del Estado de Israel, pero el Estado Palestino sigue sin ser reconocido por la ONU, que sólo lo considera, desde 2013, Estado “observador” pero no soberano. Ese organismo considera a Israel como “potencia ocupante” del territorio palestino, pero como si nada. En la Guerra de los Seis Días, en 1967, Israel arrebató a Egipto la península de Sinaí, a Siria los Altos del Golán y a Jordania Jerusalén Este y Cisjordania, confiscando a los palestinos sus tierras, estableciendo asentamientos ilegales y obligándoles a desplazarse a dos zonas alejadas 40 km entre sí, la Franja de Gaza y Cisjordania. En 2014 Israel lanzó otro indiscriminado ataque contra la Franja de Gaza, con la excusa de destruir túneles secretos de Hamás, la misma que aduce ahora para atacar sus hospitales. Trescientos judíos supervivientes del holocausto clamaron contra el ataque.

          Todos estos efectos del sionismo a ultranza también se reflejan en la política pública en nuestro País, en Euskal Herria, dándose la paradoja de que el coordinador de EHBILDU, Arnaldo Otegi, aparece dando su discurso desde un atril adornado con un pañuelo palestino, símbolo de la lucha de este Pueblo perseguido y machacado por los israelíes sionistas, en tanto que uno de los Diputados que esta coalición tiene en el Congreso español, Jon Iñarritu, es a su vez un destacado sionista. Este político proviene del mismo colectivo que la Sra. Ezenarro, es decir, de Aralar, el primer Partido de la Izquierda Abertzale Oficial que condenó el” terrorismo de ETA”, pues fue creado para intentar deslegitimar a esa organización armada. Él mismo, según informaba elDiario.es, “entró en política para luchar contra el terrorismo de ETA, con un contundente rechazo a la violencia y a favor de los derechos humanos”.

          No parece que, en relación a la lucha del Pueblo palestino por su libertad, mantenga ese rechazo, ese que le llevó a mostrar su solidaridad con un parlamentario de VOX, padre de un guardia civil muerto en atentado de ETA en Mallorca, pues ya en 2011 firmó el manifiesto ”Por la paz, contra el boicot a Israel” en contra de la campaña de Boicot (BDS), afirmando que “Israel, a pesar de los defectos que se le puedan reprochar, ha sido una referencia para los pueblos que aspiran a su soberanía”. También es firmante, encabezando la lista, del manifiesto Galeuscat-Israel, que pretende promover los intereses israelíes en las naciones cautivas peninsulares. En resumen, todo un agente defensor de las políticas sionistas que están causando, desde hace 75 años, escalofriantes estragos en la población palestina, buscando, no me cabe duda, el exterminio total del pueblo palestino. El yacimiento de gas frente a la costa de Gaza añade un por qué más, bajo el prisma capitalista, a los motivos que llevan al Estado sionista de Israel a su política de exterminio.

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