NOTA CRÍTICA SOBRE EL ARTÍCULO DE ATILIO BORÓN

Iritziak - Colaboraciones

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La economía después de la catástrofe

Atilio Boron

 

NOTA CRÍTICA SOBRE EL ARTÍCULO DE ATILIO BORÓN LA ECONOMÍA DESPUÉS DE LA CATÁSTROFE

          Lo primero que hay que decir el testo de Atilio Boron es objetivamente reformista. Importa poco que hable de un “grandes movilizaciones y luchas sociales para imponer un nuevo orden económico y social poscapitalista” y de “Una sociedad, en fin, en donde la salud, los medicamentos, la educación, la seguridad social, la vivienda, el transporte, la cultura, la comunicación, la recreación, el deporte y todos los componentes que hacen a una vida digna dejen de ser mercancías...” Pues no esta nada claro que entiende este señor por capitalista. Es decir, no está nada claro que el “nuevo orden económico y social poscapitalista” del que nos habla no será otra forma de capitalismo. De hecho, cuando nos dice que hay que conseguir que “todos los componentes que hacen a una vida digna dejen de ser mercancías”. No dice nada que no podría decir un burgués humanista. De esos que defienden una “economía de mercado” pero no una “sociedad de mercado”. Independientemente de cuales sean las intenciones subjetivas de de Boron, en estos momentos la ambigüedad es reformista.

          Puede que algunos compañeros piensen que a nosotros eso nos debe de dar igual. Pues tenemos claro que estamos por la revolución socialista y que esta solo es el principio de una larga transición hacia una sociedad sin clases, estado ni patriarcado. Y que lo que sea menos que eso, simplemente, no nos interesa. Los reformistas a lo suyo y nosotros a lo nuestro. Pero eso es un error.

          Es un error porque la mayoría de los trabajadores con una mínima conciencia de clase para si, de aquellos que han conquistado una (relativa) independencia ideológica y política de clase, que son (subjetivamente) antimperialistas, anticapitalistas y revolucionarios, en una palabra: de la vanguardia del pueblo trabajador, está en la ambigüedad “boroniana”. El “salto” a la transición socialista revolucionaria al comunismo, sin etapa intermedia, les da vértigo. Por eso es necesaria una crítica implacable y bien fundamentada de las tesis de los “expertos”, como la de Borón, que en su inmensa mayoría están en posiciones reformistas. Pues sacar a la vanguardia del reformismo, consciente o no, es el primer paso para construir un movimiento revolucionario, el segundo, claro está, es lograr una base de masas.

          En este sentido, creo que peor aún que la ambigüedad comentada más arriba es la visión del desarrollo capitalista en el siglo XX que Borón nos da en su artículo. Es la versión estándar que los socialdemócratas de izquierda, y a veces no tan de izquierda, nos suelen dar y de la que deducen sus estrategias reformistas.

          Así, primero, dividen la segunda mitad del siglo XX en dos grandes periodos, el del “contrato social de posguerra” o “del estado de bienestar”, por un lado, y el periodo llamado “liberal” o “neoliberal”. Segundo, explican las diferencias entre ambos periodos como resultado de la lucha política, dentro del capitalismo, sin cuestionar este sistema social. Y, tercero, que puesto que la lucha política (siempre sin cuestionar el estado burgués sino viéndolo como un instrumento a utilizar) trajo el neoliberalismo también podría traer su sustitución por un “nuevo contrato social” que incorpore elementos que le faltaban al anterior: igualdad de género y ecología, sobre todo.

          Por todo eso desacreditar ese discurso sobre los diferentes tipos de capitalismo es de vital importancia para la lucha ideológica revolucionaria

 

Las dos etapas del capitalismo desde la II Guerra Mundial

          Antes de nada, debo aclarar que para mí todo el siglo XX, lo que llevamos de XXI y parte del del XIX, desde 1893 más o menos, forman una parte de las épocas de desarrollo orgánico del capitalismo. A la que Lenin llamo Imperialismo, adecuadamente en mi opinión, por ser su esencia la división del mundo entre naciones oprimidas y opresoras y que es (si la teoría de Marx, Engels y Lenin es correcta) la última, la de su agonía (en el sentido etimológico que le hemos dado a esta palabra en el comunicado Iraultza da bide bakarra-La revolución es el único camino) que solo puede acabar, como dice el Manifiesto Comunista, con “la transformación revolucionaria de todo el régimen social” o “[el] exterminio de ambas clases beligerantes”. Ahora bien, esto no quita que puedan darse dentro de esta larga etapa del desarrollo capitalista (marcada por el predominio de la tendencia al derrumbe del capitalismo) otras etapas más cortas y de carácter más coyuntural. En concreto, después de la II guerra mundial podemos distinguir un primer periodo, de 1950 a 1978, en el que la socialdemocracia, en sentido amplio, ha sido la ideología dominante y un segundo, de 1979 hasta ahora, en el cual lo ha sido lo que podríamos llamar liberalismo, también en sentido amplio. Etapa a la que podemos llamar neoliberal.

          En esto no hay apenas desacuerdo. Pero el cambio ideológico no se explica por sí mismo. El ser social determina a la conciencia y no al revés. El desacuerdo está en la explicación de cómo, en este caso concreto, el ser social determina a la conciencia.

          En opinión de Borón y otros teóricos reformistas el neoliberalismo expresa la hegemonía del capital financiero. Al cual le interesa reducir el gasto público porque necesita menos estado. La conclusión política de este análisis es clara: el problema no es el capital frente a los pueblos trabajadores, sino una fracción de aquel: el capital financiero. Quitémosle la hegemonía y otro capitalismo será posible más estable, menos desigual, en definitiva, más favorable a los intereses de las clases trabajadoras.

          Nuestra tesis, por el contrario, es que no existe un capital financiero enfrentado a otras fracciones del capital, en general. Por otro lado, en la época del imperialismo la fracción capitalista hegemónica es el capital monopolista-financiero siempre. Puede tener contradicciones con las fracciones no monopolistas de la burguesía, pero esas contradicciones no son antagónicas. En cambio, las que tienen todas esas fracciones (incluida la hegemónica) con los pueblos trabajadores y, especialmente, con el proletariado mundial si lo son. Y es que “…los capitalistas, a pesar de las rencillas que les separan en el campo de la concurrencia, constituyen una verdadera masonería cuando se enfrentan con el conjunto de la clase obrera.[1]” Pero si la causa del cambio de forma de la ideología dominante no fue la existencia de una forma específica de capital financiero ¿Cual fue? Que los puntales que había colocado la burguesía para contener la tendencia al derrumbe del sistema habían fallado (como tenía que ocurrir necesariamente en un momento u otro) lo que se manifestó en forma de crisis económica mundial y que, por tanto, ante la nueva situación se necesitaba una forma diferente de legitimación ideológica. Lo más importante es que fuese diferente (más aún, para las masas aparentemente nuevas) y secundariamente más adecuada para la nueva situación, por ser más adecuada para un periodo de agudización de la lucha de clases dentro de las fronteras de los estados imperialistas, mientras que la ideología del periodo anterior era una ideología de la conciliación de clases. Esta explicación deja a las masas trabajadoras como única salida la lucha revolucionaria.

          Vamos, pues, al contraste empírico de las dos explicaciones. Primero explicar cómo se han elaborado los gráficos que, a continuación, se presentarán:

  • Para ello se ha usado el mismo criterio que usa Borón: la evolución del gasto público. Si la tesis del eminente politólogo argentino es correcta veremos al llegar la época llamada neoliberal una tendencia a la disminución de éste, aunque no vuelva a “...los niveles que exhibían durante el apogeo del liberalismo en las primeras tres décadas del siglo veinte”[2].
  • Se han elegido dos de los estados imperialistas que utiliza Borón en su argumentación empírica: E.E.U.U. y el Reino Unido. Por ser los más significativos por muchas razones pero basta una: se les considera (y, además, con razón) con los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Tatcher. Por ello los datos de estos estados serían los más apropiados para refutar o confirmar la tesis de Borón.
  • Para el Reino Unido se ha utilizado la misma base de datos que Borón (bajada de la WEB del F.M.I.) en su artículo. Pero para E.E.U.U. se ha usado una de elaboración propia a partir de datos obtenidos en la Oficina de Asuntos Económicos del gobierno yanqui. No hay trampa, a quien me lo pida le explico como he obtenido los datos y elaborado el producto final y la razón para que no haya usado la del F.M.I. es simplemente que solo da datos del gasto del gobierno federal, lo que oculta una gran parte del gasto público estadounidense.

         Vamos, pues, con los gráficos.

Gasto Público como % del P.I.B. en E.E.U.U.   

    

Gasto Público como % del P.I.B. en R.U.

          Los dos casos se aproximan de manera extraordinariamente buena, mediante una recta de tendencia ascendente. Hay, por tanto, una clara continuidad en el aumento del gasto público en todo periodo que nos interesa. Por otro lado, precisamente durante el periodo de los primeros gobiernos de Tatcher y Reagan (1979-1983) y en ambos estados la curva empírica se coloca por encima de la línea de tendencia. Es decir, que en ese periodo el gasto estatal estuvo a niveles más altos que en el anterior periodo “no liberal”. Y sí, es cierto, que luego decreció por debajo de la línea de tendencia pero continuando la misma tendencia ascendente y, claro está, manteniéndose niveles superiores al anterior periodo, “no liberal”.  

Conclusiones

         ¿Qué pasa con la segunda explicación, basada en la teoría comunista científica de Marx, Engels y Lenin? Pues que los mismos datos que refutan la explicación anterior son previsibles desde ella: Para empezar, según Lenin el capitalismo monopolista y financiero es ferozmente estatista y nada tiene de extraño que el tamaño del estado y, con él, sus gastos crezcan continuamente, independientemente de la ideología del gobierno de turno.

         Todo esto desmiente de manera rotunda la explicación que nos da Borón del liberalismo y, por ende, sus previsiones 

  •  La proporción del gasto público en el P.I.B. es una fracción y en las crisis, por razones obvias, el primero (el numerador) crece más rápido que el segundo (el denominador) con lo cual crece la fracción. Esa es una de las razones del crecimiento del gasto público al principio del periodo “neoliberal”. Y eso no es todo, en la crisis de 1970-1980, como en la “gran recesión” del 2008-2016, los estados burgueses hicieron uso del gasto público en gran escala con el objetivo de sostener la demanda y salvar a grandes empresas financieras e industriales. Lo que también es parte de la explicación del aumento del peso del gasto estatal. ¿Quiere esto decir que la burguesía ha encontrado la piedra filosofal que le permitirá esquivar las crisis? Para nada. El bestial aumento del gasto público ha traído un no menos bestial endeudamiento de los estados (¡superior al 100% del P.I.B. en muchos casos!) que, al debilitar las monedas estatales como depósito de valor, ha provocado el aumento del capital especulativo a niveles históricamente inéditos: por primera vez en la historia, los flujos de dinero de la especulación superan ampliamente los del intercambio de mercancías. Esto es una fuente de burbujas especulativas que pueden tener, y han tenido, consecuencias catastróficas[3]. Así como la hipertrofia de un sector financiero cada vez más parasitario.
  • Por último, todo este crecimiento de los aparatos estatales se puede explicar como resultado de la tendencia al derrumbe del capitalismo. El fallo de los mecanismos “normales” de reproducción del sistema (en el caso del mecanismo, las relaciones mercantiles) llevan a la intervención del mecanismo de excepción: el estado. Lo mismo ocurrió antes en el declive de sistemas sociales anteriores: el estado hiper-burocratizado e hiper-militarizado del imperio romano decadente, la monarquía absoluta en el declive del feudalismo...    

 

 

 

Descárgate la colaboración en pdf

[1]Marx, El Capital, Libro III, pag. 151

[2]De el artículo de Borón que aquí se critica.

[3]Por ejemplo la burbuja inmobiliaria que trajo la “gran recesión”

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