Sex, sex & sex

Herritar feminista

Ay que miedo cuando las feministas empiezan a hablar de sexo, con todos los complejos que hay entre los hombres que si la tengo pequeña, que si eyaculación precoz, que si arriba, que si abajo… Pero ellos llegan al orgasmo. ¿Y las mujeres?

Que siglos después sigamos teniendo que explicar cómo llega una mujer al orgasmo, es muy triste, pero hay que seguir haciéndolo, al igual que hay que seguir contando la diferencia entre feminismo y machismo, o entre lo que es violencia de género y lo que no lo es, por poner ejemplos.

Leí el otro día una frase que el psicólogo Agripino Matesanz describe en el libro El placer sexual (2009). “A la pregunta de si su pareja llegaba al orgasmo, el hombre contestó: “Pues claro, si hemos tenido cinco hijos”. Este caso real es una clara muestra del desconocimiento que hay de la sexualidad femenina.

Hay cifras de estudios (realmente creo que hay muy pocos estudios sobre la sexualidad femenina, y si los hay están hechos por hombres) que dicen que un 10% de las mujeres nunca han alcanzado un orgasmo, aunque yo me atrevería a subir la cifra y multiplicarla. También hay encuestas hechas en Euskalherria a mujeres entre 30 y 50 años en las que un 80% refleja que los hombres siguen sin tener ni idea de cómo llevar a una mujer al orgasmo. Ellos siguen con lo mismo, ellos follan, llegan al orgasmo y ahí se termina todo. Y no hace falta hacer encuestas, una, habla con las amigas y todo se sabe.

 “La condena por gozar empezó hace unos 5.000 años con el sistema patriarcal” -recuerda Matesanz-  “hasta entonces, la mujer tenía plena libertad de su cuerpo y no estaba supeditada a las decisiones  del hombre. Resulta difícil imaginar que durante más de 20.000 años la mujer era quien dirigía no sólo  la vida familiar, sino también la relación sexual. Tras la exaltación del placer de griegos y romanos, el  cristianismo inculcó a sus fieles la noción de pecado. El único fin de las relaciones sexuales era la  procreación. El goce pasó a ser un tabú, sobre todo el femenino, y se sigue arrastrando en la    actualidad”.

 Luego se ha inventado lo del punto G, la anorgasmia femenina y muchas otras bobadas más hasta  llegar al extremo contrario de llamarnos putas, ligeras de cascos, ninfómanas y otra serie de joyas  más a las que nos encanta disfrutar del sexo (hablo del sexo hetero, por supuesto, porque supongo  que es más fácil entre dos mujeres saber lo que nos gusta y nos da placer). Por lo tanto llegamos una vez más a explicar que hay un punto pequeño llamado clítoris que es la clave de todo.

El clítoris puede ser bastante difícil de encontrar para aquellos hombres y mujeres que no han explorado su cuerpo o el de su pareja. Por eso es imprescindible en toda mujer conocer su propio cuerpo para poder enseñar a su compañero. El clítoris es un órgano con un propósito muy claro proporcionar placer sexual y poder llegar al orgasmo. Se sitúa en la comisura de los labios vaginales, bajo el pubis. El pene masculino tiene 4.000 terminaciones nerviosas y el clítoris tiene más de 8.000. Además, después de un orgasmo el clítoris no decae por lo que una mujer si se lo propone, puede tener orgasmos múltiples. 

Para que un hombre pueda satisfacer a una mujer en las relaciones sexuales es necesario que aprenda dónde está su clítoris, pero sobre todo, que aprenda a estimularlo, que lo toque, que practique, que juegue y que lo conozca.  Tiempo, ganas, juegos, estimulación, fantasía y empatía.

En las ikastolas o escuelas se hablaba de reproducción sexual y de forma muy deficiente pero no del placer sexual, por lo que el maravilloso botón del placer queda siempre a un lado en las explicaciones y nadie sabe que existe. Habrá que mejorar en la educación sexual, con naturalidad y sin tabúes.

De todas formas, chicas, que nunca falte un vibrador en vuestra mesilla.

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