LA ROSA MORADA ( KOLLONTAI )

Langileon borroka

Llamaban “Rosa Morada” a Alexandra Kollontai, amiga de Rosa Luxemburgo, la “Rosa Roja”. A diferencia de ésta, fue más prolífica en teorizar sobre la mujer en la revolución y lo hizo con una irreverencia y subversión de la moral y las costumbres tradicionales, que aún hoy muchos hombres y algunas mujeres enrojecemos y por machismo quizás hasta nos enfurecemos con ella, tal era la pasión y la profundidad con que cuestionaba el orden ancestral a favor del género femenino y de la sociedad.

Trato de imaginar cómo reaccionaron mis congéneres machistas de 1917-1920 en Rusia e inevitablemente pienso que muchos de ellos hasta llegaron al extremo de querer desaparecer de la faz de la Tierra a esta mujer extraordinariamente lúcida, por pretender transformar el orden milenario. La “Rosa Morada” no sólo planteaba algo que hoy ya tiene una aceptación generalizada, como es que la igualdad entre los sexos se conseguiría cambiando las causas económicas que producen las desigualdades, sino que también era imprescindible un cambio en las relaciones sexuales entre las personas. Promovió una revolución cultural que transformase las relaciones interpersonales.

¡Agárrense duro! mis compañeros machistas. Como parte del Comité Central del Partido Bolchevique, Alexandra Kollontai propuso una nueva forma de vida basada en el amor y el compañerismo. Planteó una teoría mediante la cual invitaba a las mujeres a consumir la sexualidad como un vaso de agua, quebrando así con las viejas relaciones sexuales que eternizaban la opresión de la mujer. Todo tipo de unión por amor era válido, a excepción del que podía poner en peligro la salud y la prostitución.

Admitía que el amor monogámico es el ideal de la humanidad, pero que éste no respondía a lo que parecía ser la evolución de las relaciones sexuales, especialmente entre las jóvenes generaciones. Y teorizó sobre la evolución del amor desde el instinto biológico de la reproducción hasta convertirse en un complejísimo estado emocional, así, que, decía, el amor se puede presentar bajo la forma de pasión, amistad, ternura maternal, inclinación amorosa, comunidad de ideas, piedad, admiración, costumbre, etcétera, hasta el punto de que “no parece fácil que una sola persona pueda satisfacer la rica y multiforme capacidad de amar que late en cada ser humano”.

Esta última línea de Alexandra Kollontai debe haber escandalizado al mundo, porque, aunque desde la cultura machista se promueve la poligamia, sólo es desde un auto conferido derecho de los hombres no válido para las mujeres, como ésta reivindicaba. Ella desafiaba a los hombres preguntándoles si estarían dispuestos a admitir el “amor libre”, y advertía sobre los celos, señalando “que arañan incluso a los espíritus mejores”, pero sobre todo, criticaba el derecho de propiedad no sólo sobre el cuerpo, sino también acerca del alma del compañero, la costumbre de “dominar” al ser amado o bien de hacerse su esclavo”.

Asumiendo la tesis de Carlos Marx de que la construcción de un mundo mejor no sólo requería cambiar las relaciones de producción sino también el desarrollo de un hombre nuevo, la “Rosa Morada” urgía a una revolución en la vida cotidiana, a una nueva relación entre los sexos, para una verdadera emancipación de la mujer en la que ésta debe estar consciente de ello y por tanto podrá cuestionar las condiciones que han hecho miserable su vida, y reconsiderará el camino y la estrategia para finalizar con su opresión.

Decía Alexandra Kollontai que este nuevo tipo de mujer dejará de ser un simple reflejo del varón y la finalidad de su vida ya no serán el matrimonio o la familia, sino su “yo”, su individualidad vinculada a su clase, y esto sólo sería posible, agregaba, con la incorporación de la fuerza de trabajo femenina al trabajo asalariado. –Un momentito Alexandra, ¿qué me querés decir con todo eso? ¿Anteponer el yo de clase al matrimonio y la familia? Definitivamente que estás loca de remate. Suponer este diálogo es lo menos que uno puede hacer ante unas ideas tan, ¿cómo llamarlas?, ¿escandalosas?, ¿iconoclastas?, ¿subversivas? La familia, la unidad básica de la estructura social, ese seno cálido y acogedor que nos da seguridad y confianza y nos asegura avanzar entre las complicaciones del devenir, ¿cómo hacerla a un lado?
¡Alerta varones!, ahí les va una curva incendiaria que no podrán batear lanzada por la “Rosa Morada”: ¿Qué ganará la mujer nueva con su recién estrenado derecho a amar mientras no exista un “varón nuevo” capaz de comprenderla? ¿Qué me dicen mis inteligentotes y preclaros compañeros machotes? Entre más libre es la mujer, más lo somos los hombres, pero para que esto se cumpla, es condición que nosotros tengamos una profunda transformación. Las mujeres quieren varones nuevos, por cierto, bastante distanciados de los hombres de las cavernas a quienes tanto nos parecemos, como se demuestra con tantas denuncias en las comisarías de la mujer.

Por si acaso Alexandra Kollontai no les ha exacerbado su machismo, les entrego una de sus frases que más chispas ha levantado: “Una mujer ama a tal hombre con todo el alma, y los pensamientos de ambos, las aspiraciones, las voluntades están en armonía; pero la fuerza de las afinidades carnales la atrae irresistiblemente hacia otro. Un hombre experimenta por tal mujer un sentimiento de ternura lleno de atenciones, de compasión colmada de solicitud, a la par que haya en otra la comprensión y el sostén para las mejores aspiraciones de su yo. ¿A cuál de ambas debe consagrar la totalidad de su Eros? ¿Y por qué habría de desgarrar, de mutilar su propia alma, si la plenitud de su individualidad no se realiza sino con uno y otro lazo?”.

Como parte del gobierno bolchevique de Lenin, en 1917, la “Rosa Morada” contribuyó a realizar la primera conferencia de mujeres del partido y en 1918 el primer congreso de mujeres de toda Rusia. Se fundó el Departamento de Mujeres del Partido y Kollontai propuso que la manera de atraerlas era involucrándolas en proyectos sociales y las movilizó en trabajos de soporte en la guerra civil. La educación de las mujeres analfabetas fue una de sus prioridades. Se establecieron las bases para una igualdad real entre hombres y mujeres; se aprobó el divorcio y el derecho al aborto, así como beneficios sociales en forma de salarios de maternidad, guarderías y hogares para los niños. Y se desarrollaron campañas para dar a conocer sus nuevos derechos
Alexandra fue enviada al servicio exterior y se convirtió en la primera mujer del mundo en ser embajadora. Esto la salvó de las purgas stalinistas, pues la mayoría de sus compañeras y compañeros como Bujarin, fueron asesinados por “la maquinaria infernal”, que dio marcha atrás en varias medidas promovidas por la “Rosa Morada”, a quien no liquidó, pero le bajó totalmente el perfil. En toda la historia de la humanidad, Alexandra Kollontai es una de las mujeres con más aportes teóricos y prácticos a la lucha por el socialismo y la igualdad de la mujer.

ALEJANDRA KOLLONTAI: Fue la dirigente de la “OPOSICIÓN OBRERA” (ala izquierda del Partido Boltxevike) que apoyó a LENIN (Abril de 1917) en la propuesta definitiva de “TODO EL PODER PARA LOS SOVIETS”.

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