El Marxismo-Leninismo como instrumento para la liberación nacional y social de Euskal Herria.

 

Es muy importante ahora que se esta constituyendo una nueva Unidad Popular que no caigamos en los errores del pasado. En 2017 debe quedar claro que crear un Estado vasco socialista nace de la necesidad de dotar al único sujeto revolucionario y depositario de la soberanía, el Pueblo Trabajador Vasco, de un instrumento que le sirva para defender sus intereses de clase y su emancipación no solo contra la propia burguesía vasca sino también contra la burguesía española y europea. La soberanía no recae en un territorio sino en una clase, la trabajadora, y este es el primer punto que debería de quedar claro para cualquier persona que se considere un patriota o un independentista revolucionario.

Es importante que cuando hablemos de socialismo tengamos muy claro lo que la palabra socialismo significa para evitar caer en socialismos extraños, ya tenga el apellido “del siglo XXI” o ya sean premarxistas como el socialismo utópico, que son las vías mas rápidas para llegar al reformismo que hoy en día absorbe a la Izquierda Abertzale oficial.

El Marxismo-Leninismo ha demostrado, con sus virtudes y sus errores, ser la mejor herramienta que tiene el proletariado de cualquier país para emanciparse. Sirvió para la emancipación de los trabajadores del Imperio Ruso, sirvió para derrotar la nazifascismo en la II Guerra Mundial, sirvió para las luchas de liberación nacional y social de China, Corea, Vietnam y Cuba… y debe servir para la construcción de Republica Socialista Vasca.

Salirse de la UE, de la OTAN, colectivizar la propiedad privada de los medios de producción entre el Pueblo Trabajador Vasco… son líneas rojas que jamás hay que ceder a la burguesía. Deben ser bandera de la reconstrucción del Movimiento de Liberación Nacional Vasco, junto con el internacionalismo, el antiimperialismo y el antifascismo. Si en algo tenemos que diferenciarnos al reformismo pequeño burgués de EH Bildu y sus mariachis, es justo en todo esto. La independencia no debe ser un fin absoluto en si mismo sino un medio de emancipación de la clase obrera vasca. Una independencia para ser una Republica lacaya de los intereses imperialistas de los EEUU o de la UE, no es independencia… es tener una frontera y un pasaporte para seguir estando oprimido por los mismos.

P.D:: donde digo vasca, vasco y EH se puede poner Nabarro y Nabarra… personalmente es un debate que ahora mismo no me interesa.

Pablo Gartzia

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27 comentarios sobre “El Marxismo-Leninismo como instrumento para la liberación nacional y social de Euskal Herria.

  • el Mayo 17, 2017 a las 7:18 am
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    Aupa, Maju!

    Iparra, en el blog Borroka Garaia Da, nos hace saber de un muy interesante libro para la reconstrucción de la teoría comunista revolucionaria en el siglo XXI, y de paso, situar este debate sobre el marxismo-leninismo en otra perspectiva: la de la recuperación del verdadero pensamiento de Karl Marx al final de su vida, que es muchísimo más libertario de lo que la mayoría cree, incluyendo, evidentemente, a los marxistas-leninistas.

    Se trata de dar voz a una corriente comunista marginada y aplastada: los comunistas consejistas y la autonomía obrera. Vuelvo a insistir, por mi parte se trata de enriquecer el debate custionando absolutamente todo, y muy especialmente los dogmas que la burguesía y el imperialismo nos ha ido imponiendo en los últimos 80 años de la guerra de clases ideológica. Creo que hay que ir hacia una nueva síntesis de la teoría y la práctica revolucionaria, cuyos cimientos son las reflexiones de Karl Marx, sobre todo en Das Kapital, y la práctica de la Commune de París, para partiendo de ahí (donde todos los socialistas revolucionarios del siglo XIX estaban de acuerdo, incluído Bakunin…), haciendo un balance crítico de las luchas del siglo XX, llegar a una propuesta estratégica que nos permita reunificarnos a todas las comunistas (ya sé que es una utopía…) en base un proyecto feminista ecosocialista, y eco-comunista. Esta reunificación por la base, en la lucha y por medio de la lucha, nos debería llevar a la V Internacional, la Internacional Comunista Revolucionaria, asumiendo lo mejor de cada tradición, y autocriticándonos radicalmente de los errores cometidos por cada corriente.

    http://colectivogerminal.org/703-2/

    El libro de Corsino Vela, editado hace casi un año por la editorial vasca Muturreko Burutazioak, es un texto enormemente interesante y estimulante para ubicarnos en las cuestiones esenciales que nos preocupan a quienes aspiramos y queremos una transformación radical del orden imperante. En estos tiempos, donde dominan el inmediatismo y la poqueza de los argumentos, se agradece un ensayo (escrito en forma de breves tesis, más de mil) que no sólo ayuda a pensar sino que lo hace desde la reivindicación de una praxis del conflicto, del antagonismo, de autonomía proletaria.

    El agotamiento de la sociedad del valor

    Se trata de un libro que parte de la centralidad que tiene el valor en nuestras sociedades dominadas por el capital. La vida sometida a ese quid pro quo que transforma a las personas en cosas y a las cosas en sujetos autónomos e independientes que mueven nuestras acciones y pensamientos. Las cosas, los productos del trabajo y las relaciones sociales que tejemos en nuestra vida cotidiana se autonomizan y se igualan como mercancías. Su valor de uso sólo tiene sentido en la medida en que encuentran un comprador para su valor de cambio, siempre y cuando sea productiva y rentable su producción. Si el valor somete al valor de uso, si la riqueza sólo se expresa en la medida en que es producción y realización de valor de cambio, esta lógica de autonomización adquiere una dimensión mucho más marcada en la medida en que el capital tiende a subsumir toda nuestra vida. El capital no es simplemente valor, es un valor hinchado de valor, en perpetuo movimiento y crecimiento, que necesita del trabajo vivo para crecer y expandirse. El trabajo (abstracto, porque dan igual las propiedades concretas del trabajo de un sastre o de impresor) es la sustancia social del valor, es la fuente de riqueza del capital como relación social. Este aspecto fundamental es constantemente repetido por Corsino Vela a lo largo de su libro, detrás de la apariencia del movimiento autónomo del valor y del capital, del movimiento espasmódico y contradictorio del dinero y las mercancías, subyace una relación social, una relación social sustentada en la explotación del trabajo asalariado por parte del capital, subyace conflicto y antagonismo. Debajo del adoquín la playa, detrás del capital y sus homicidios, la vida de la humanidad proletarizada.

    Pues bien, nos encontramos en la época histórica de la descomposición y derrumbe de esa relación social que es el capital. Éste ha dejado de ser funcional, ha agotado su tiempo histórico pues experimenta (y experimentamos) la imposibilidad de desarrollar su lógica interna. El desarrollo de la automatización y el desarrollo tecnológico (movimiento que nace del aguijón permanente que la competitividad entre muchos capitales ocasiona), la búsqueda constante de mejoras de productividad, ocasiona un aumento constante del trabajo muerto (del trabajo cristalizado en forma de maquinaria y tecnología, de capital constante) a expensas del trabajo vivo, del trabajo humano inmediatamente empleado en la producción de riqueza. Una de las expresiones de este proceso irreversible es la disminución de la tasa de ganancia en que vive el capital (con cada vez más fuerza) en las últimas décadas. El capital se encuentra con que se está secando la fuente de su propia relación social (el trabajo vivo). Esto ocasiona un modelo histórico que ha agotado su tiempo histórico por la imposibilidad de desarrollar su lógica interna, como decíamos más arriba parafraseando a Vela. La quiebra de la ley de valor es la quiebra de la sociedad que la sustenta, un proceso imparable que alimenta las tendencias suicidas que connotan al capital en su fase de subsunción real y total de la sociedad. El capital se vuelve anacrónico.

    ¿El problema es el capital financiero?

    Este último aspecto es importante. Si, como indica Corsino, el capital ha entrado en una fase de subsunción real y total (retomando para ello los análisis de Marx en el Capítulo VI Inédito), de manera que el valor y el capital permean todos los aspectos de la vida humana, el declive del capital es el declive de todas sus formas de civilización (instituciones, valores culturales, ideológicos, estéticos…). Una sociedad que tiende a implosionar debido a como se socavan sus fundamentos internos. El agotamiento de sus fundamentos, de la fuente de creación de valor y de riqueza por la expulsión de la fuerza de trabajo y la acumulación desproporcionada de trabajo muerto, implica la disgregación y la descomposición de la sociedad, de la sociedad del capital. Obviamente esta dinámica implica un proceso, no se trata de una implosión total, no hablamos de un derrumbe improviso del edificio social, el capital, en su lógica suicida, trata de superar sus límites internos a través de pasos adelante cada vez más profundos. Pasos adelante hacia el precipicio, hacia su ocaso. Al respecto, son muy interesantes los análisis de Corsino Vela en relación al peso desproporcionado del capital financiero (ficticio preferiríamos utilizar nosotros) en esta fase de (no) acumulación capitalista.

    El capital financiero es la forma apoteósica de la fetichización del capital. Es la forma máxima de una relación social que parece nacer por sí misma, sin anclaje en relaciones sociales concretas. Dinero crea dinero: D-D´. Es la fórmula del capital ficticio. Es la forma espectacularizada de la máxima autonomización del capital con respecto a las relaciones sociales. Y, sin embargo, como no podía ser de otro modo, estallidos como los de la crisis financiera de 2007-2008 recuerdan al capital que éste es una relación social, que encuentra su fundamento y su sustento en el trabajo vivo como fuente de valor. A través de la hipertrofia del capital financiero y sus derivados el capital realiza una huida hacia adelante que ubica siempre en un grado superior las contradicciones de la propia dinámica del capital. De su tendencia cada vez más palmaria a la (auto) aniquilación, a su agotamiento. Vivimos la época de la economía política en su fase terminal, en el que el capital se hace anacrónico al vivir una dinámica suicida que amenaza no sólo al capital sino a la misma supervivencia humana. Como recuerda Corsino ya Gunther Anders advertía que lo esencial no es cómo viviría la humanidad en el futuro sino si vivirá.

    Volviendo a la cuestión del capital financiero y su realidad inscrita y subalterna a la lógica de la creación y acumulación de valor, Corsino Vela nos recuerda que no se trata de oponer (como hace la izquierda del capital y los neo reformistas de todo pelaje) el capital productivo (los buenos) al capital financiero (los malos). En realidad, la hipertrofia del capital ficticio es el resultado de la crisis de la acumulación de capital, de la ausencia de producción y creación de valor suficiente en relación a las necesidades de valorización del capital. En realidad el capital ficticio no es sino un capital virtual convertido en una alucinación. Una alucinación socavada por dentro a raíz de la pérdida de sus fundamentos, un dinero sin valor.

    La izquierda del capital

    Y de esta manera entramos en la parte última del libro, una parte de candente actualidad, tratada de un modo magistral por el autor. Aquí desarrolla una certera crítica a la izquierda del capital, es decir a las visiones neorreformistas del asalto institucional desde los movimientos sociales, a los fautores de procesos constituyentes en un plano formal y político. Izquierda del capital definida como el último bastión de la salvaguardia del capital, como aquéllos que siguen alimentando aún su fe en el desarrollo y el progreso del capital, en su carácter eterno e irreversible. Pero para ello Corsino realiza una reflexión previa, una crítica a la esencia capitalista que adoptan las formas estatales y democráticas en nuestras sociedades. La democracia y el derecho son formas sociales objetivas que adopta la metamorfosis del capital en las instancias de reproducción social. El ciudadanismo está siempre anclado en el fetichismo del valor. Merece la pena leer directamente a Vela:

    “El sistema democrático descansa sobre una falacia fundamental: la equivalencia del voto en una sociedad de clases. El voto es en el plano social, político, de representación, la transposición del principio de equivalencia universal que subyace al intercambio general de mercancías en el mercado. La falacia de la equivalencia del voto en el sistema de representación disimula la realidad de la desviación radical entre igualdad jurídica y la realidad social de los individuos” (página 145).

    Es decir, y como decíamos, la democracia es la forma más funcional a la reproducción de la sociedad del capital porque en buena medida los ciudadanos atomizados y aislados entre sí son la proyección de la separación y la subsunción que los trabajadores/as viven en el terreno de la producción. La democracia, nos dice Corsino con una frase muy eficaz, no es sino: “El sistema de representación de la vida social sometida al capital” (página 138). Y es que el Estado, por una parte, es la expresión de la separación de subjetividades y vidas que implica la relación salarial y el dominio del capital pero por otra es:

    “La proyección hacia el conjunto de las relaciones humanas de la relación que fundamenta la sociedad del capital (la mediación asalariada).

    El Estado es la representación del capital fuera del centro de la producción que cumple una función complementaria a la explotación directamente productiva” (página 135).

    El Estado y su forma democrática son el resultado de la atomización capitalista y, al mismo tiempo, la solidifican y cristalizan al expresar la comunidad fictica del capital. Es el terreno en el que confluyen de un modo unificado los antagonismos y conflictos propios de la relación capital-trabajo y las fragmentaciones propias a la competencia intercapitalista. El Estado es la expresión en el ámbito de la reproducción social del fetichismo de la mercancía, del mismo modo que en el intercambio mercantil aparecemos como meros compradores y vendedores de mercancías objetivas (anulando las marcas y los signos de las relaciones sociales subyacentes), en el ámbito del formalismo jurídico y democrático aparecemos como sujetos iguales en derecho y posibilidades (anulando las determinaciones sociales de los antagonismos propios de la relación capital y trabajo).

    Desde este fundamento teórico sólido, la crítica de Corsino Vela a la izquierda del capital no pierde ningún atisbo de fuerza y es que:

    “Los procesos constituyentes preconizados desde diversos ámbitos políticos, están inscritos en el marco de la concepción institucional, tecnocrática, de las relaciones sociales. Las propuestas constituyentes de orden ciudadanista camufladas en la excusa de la transformación de las relaciones sociales en el capitalismo desarrollado, confunden la desaparición formal de la clase obrera industrial en las formaciones sociales de algunos países capitalistas (desarrollados) con la realidad de la extensión de la condición proletarizada en la escala mundial. Pero sobre todo, el error más patente consiste en asociar el proceso constituyente, de constitución sociológica, institucional, de ciudadanía, con la auto constitución de la población proletarizada como clase: su autonomización frente al capital” (página 181-182).

    Los límites de todas las opciones ciudadanistas y neorreformistas del último período son estructurales. No se deben a las buenas o malas voluntades, a la corrupción de unas élites malas frente a otras más honestas, las opciones institucionalistas están destinadas a enmarañarse en un terreno, el del Estado y la democracia, que es propio del capital y de su reproducción social. De ahí que las propuestas constituyentes, incluso las más radicales, no dejan de ser opciones que reproducen y repiten los tópicos democráticos del reformismo burgués e ilustrado del siglo XIX. ¡Triste época en que ser radical se confunde con la reivindicación de los principios ilustrados de las revoluciones burguesas!

    Por el contrario, el terreno de la lucha por el comunismo, por una sociedad auto emancipada que supere la condición obrera y la sociedad dividida en clases, pasa por otro terreno, un terreno de antagonismo y de conflicto, un terreno adecuado para que el proletariado se exprese como clase, afirmando su comunidad de lucha contra el capital y de confianza y unidad para sí:

    “La auto constitución real sólo se da en la conflictividad y en las relaciones que tal conflictividad genera, y no en la formalidad política de un proceso tendente a constituir instituciones de gestión; ellas sí formal y técnicamente “autonomizadas”, en virtud de la dinámica de la representación (política, institucional) y de las mediaciones que comporta con respecto de sus representados. Se trata, bajo un lenguaje aparentemente actualizado y retóricamente anticapitalista, de una reproducción de la idea constituyente de la sociedad del capital que históricamente ha sido encarnada por la socialdemocracia” (página 182).

    La clase sólo se puede instituir a sí misma de modo directo, a través de su práctica antagonista y la creación de instancias propias de tipo comunitario, en la perspectiva de la negación y la superación de la sociedad del capital y sus mediaciones (políticas y jurídicas). Esta posibilidad de ruptura con el capital radica prácticamente en el antagonismo entre capital y trabajo asalariado, inherente a la relación asalariada. El capital no es una cosa sino una relación social (de explotación), y en sus dinámicas conflictivas puede ser superada, como por otra parte muestra la accidentada historia de insurrecciones y revoluciones del siglo XX, si la clase se afirma como sujeto autónomo, negando su misma condición laboral y asalariada.

    Algunos apuntes críticos para continuar la reflexión

    Brevemente me gustaría apuntar algunas reflexiones para continuar el debate:

    El libro de Corsino Vela se inscribe en una tradición revolucionaria y comunista de indudable importancia, la izquierda comunista germano-holandesa. Son continuos las referencias directas o indirectas a comunistas como Pannekoek, Gorter, Otto Rühle, Korsch o Paul Mattick. Nos parece que es una de las corrientes más importantes de las que aprender para renovar el hilo comunista durante el siglo XXI. Ahora bien nos parece que al mismo tiempo Corsino recoge los méritos pero, también, los límites (que en nuestra opinión) de los que adolece esta corriente. Sobre todo la reivindicación de la primacía de la práctica sobre la teoría, del ascenso desde la autonomía de las luchas a la negación del capital que se daría a partir de la propia dinámica auto instituyente del movimiento real. Nosotros, junto a la izquierda germano holandesa, somos críticos de la perspectiva leninista y kautskysta que quiere inyectar, desde los intelectuales exteriores a la clase, la conciencia. De este modo la clase se convierte en una masa informe, impotente, que ve la luz gracias a la pericia de sus líderes. Este pensamiento del partido es propio del jacobinismo burgués. Ahora bien, y desde una posición no externa a la clase, es fundamental una reflexión sobre la organización de los comunistas, no como agentes exteriores a la clase, que la dirigen y la organizan, sino como aquéllos que tratan de acelerar y profundizar el desarrollo de la conciencia comunista durante los momentos insurreccionales en que la clase tiende a constituirse a sí misma. En este sentido, la perspectiva comunista no surge sólo a partir del cómo se lucha (sin quitar importancia a los elementos de auto institución de la lucha a partir de los procesos de extensión, generalización y auto organización) sino también los mismos contenidos de la lucha. Es por lo que nosotros si reivindicamos una tradición programática, el programa comunista como negación del capital y sus metamorfosis mercantiles, dinerarias, clasistas, estatales…. Al respecto la aportación de la izquierda comunista italiana y de Bordiga, en especial, nos parece fundamental (Recomendamos para ello el texto de Dauvé sobre Pannekoek y Bordiga, contenido en el libro Declive y resurgimiento de la perspectiva comunista). Obviamente esto no implica asumir la perspectiva leninista y jacobina que aún se puede vislumbrar contradictoriamente en el último Bordiga (aunque al respecto su noción de partido formal e histórico como prefiguración del comunismo va en otro sentido, como indica Camatte). Parte central del programa comunista es la comunización práctica que transforma todos los aspectos de la vida cotidiana desde el presente. El comunismo no es una tarea ilustrada y meramente teórica, sino práctica y de vida, pero, ahora bien, su pensamiento y reflexión, el hacer teoría y programa (organizado) de ella es fundamental.
    Más brevemente hay otros aspectos que nos resultan interesantes para el debate. Por ejemplo la utilización de los términos de subsunción formal y subsunción real asociados a dos etapas del movimiento obrero y proletario puede ser problemática si como hacen algunas corrientes y grupos (pensamos en Théorie Communiste o en Endnotes) esto implica que las luchas autónomas del pasado estaban destinadas a fracasar, a ser meros alimentos de la reproducción del capital. Al respecto las tesis de Corsino Vela son contradictorias. Algunos de sus argumentos nos recuerdan posiciones como las arriba descritas aunque otras, contradictoriamente, van en un sentido más afín a nosotros. Es decir a pensar la importancia de las comunidades de lucha y las perspectivas comunistas que se abrieron durante las revoluciones del pasado. No creemos que se pueda reducir dichas revoluciones a partir de límites constitutivos e irreversibles derivados de que el movimiento obrero de la época de la subsunción formal simplemente quería gestionar el capital y distribuir de un modo más equitativo la riqueza producida de modo capitalista. Pero, obviamente, se trata de un debate complejo que escapa de las breves notas que queríamos tratar en esta breve recensión.
    El concepto de implosión social nos resulta interesante para reverberar el proceso de descomposición social que está viviendo el capitalismo, pero nos resulta menos útil (como hace el autor) para pensar los procesos de lucha, de antagonismo, de insurrección y de explosión que seguirán y siguen adquiriendo los ascensos proletarios. Obviamente sabiendo que se trata de procesos en zigzag y oleadas, donde la posible victoria futura nace de las continuas derrotas del presente y de las lecciones que como clase extraemos de modo difuso.

    Para acabar, el texto de Corsino Vela trata otros argumentos que no hemos podido tratar pero que son de un interés indudable. Su reflexión en contra de la tecnología y la mega máquina, utilizando para ello a autores como Lewis Mumford o Noble, es fundamental en una perspectiva comunista. Además Corsino tiene el mérito de tratar la tecnología como una mercancía y de vincular su dinámica actual a la lógica de acumulación del capital, frente a las perspectivas ecológicas que quedan reducidas (como el reformismo político de la izquierda del capital) a ser tecnócratas del colapso.

    En otro orden de cosas, es muy eficaz sus críticas a autores de moda en los últimos años (pensamos por ejemplo en Toni Negri y el posobrerismo italiano) que hacen un fetichismo de la condición inmaterial del trabajo cognitivo sin ver la subsunción capitalista en que se despliegan esas formas de trabajo asalariado o autónomo. Ningún sujeto sociológico preconstituido al margen de la lucha y el antagonismo es útil para una perspectiva comunista de auto emancipación. O su epígrafe destinado al patriarcado y el trabajo doméstico que nos parece muy sugerente por como alude a la ocultación del trabajo doméstico bajo el capitalismo, pero al mismo tiempo por como señala las profundas transformaciones que ha vivido el capitalismo y la humanidad proletarizada al respecto durante las últimas décadas, con la irrupción social de las mujeres como sujeto autónomo proletarizado, ya sea por sus luchas autónomas en la segunda oleada feminista que por su masivo proceso de salarización.

    Esperemos haber proporcionado, a lo largo de estas líneas, argumentos para leer un libro importante para clarificar cuestiones esenciales para los que seguimos defendiendo una perspectiva de transformación global del orden existente. Y esperemos que el libro sea leído con la misma pasión de búsqueda con que lo hemos leído y con el que éste está escrito. No “desde la pasión de la cabeza sino desde la cabeza de la pasión” como le gustaba decir al joven Marx. Desde la pasión revolucionaria.

    J.H., Miembro de Colectivo Germinal

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    • el Mayo 17, 2017 a las 1:23 pm
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      A ver si consigo ahorrar algo para comprarlo y leerlo a fondo. De todas formas, por el comentario, hay muchas cosas que me recuerdan a “Fin de Siglo” de Toni Negri, que es un libro que recomiendo siempre.

      Un punto interesante del artículo es:

      “… la utilización de los términos de subsunción formal y subsunción real asociados a dos etapas del movimiento obrero y proletario puede ser problemática si como hacen algunas corrientes y grupos (pensamos en Théorie Communiste o en Endnotes) esto implica que las luchas autónomas del pasado estaban destinadas a fracasar, a ser meros alimentos de la reproducción del capital.”

      Entiendo que por “el pasado” se refiere a la fase fordista (subsunción fomal), que, según Negri, empieza a terminarse en 1968, cuando, tanto en Praga como en París, como en muchos otros lugares se rechaza abiertamente la disciplina jerárquica que caracterizó a la fase fordista (y seguramente también a épocas anteriores). Una de las características del período toyotista (subsunción real) es que los liderazgos, otrora tan importantes, pierden su fuerza y eso se ve muy claro en 1968, con incluso Sartre siendo abucheado por la asamblea, pero más profundamente en el cuestionamiento del mismísimo De Gaulle, desafío del que sólo se salvó marginalmente porque el PCF se negó a avanzar en el proceso revolucionario, previniendo la huelga general, pero que no evitó su resignación y reemplazo por líderes menores y anodinos hasta fecha de hoy.

      Este desafío a la autoridad, que se convierte en rasgo social, fuerza el fin de la colonización en África, fuerza el fin de los fascismos mediterráneos, y fuerza en última instancia y a pesar de la resistencia cabezona del aparato, el fin de la URSS así mismo, efectivamente incapaz de mantener su éxito fordista en parámetros toyotistas para los que nunca quiso reformarse.

      Si este aspecto antiautoritario es en gran medida positivo, el toyotismo tiene también rasgos que se suelen considerar negativos desde una perspectiva revolucionaria (al fin y al cabo es un desarrollo del capitalismo). Quizá el más notorio es el fin de la hegemonía del “obrero masa”, que podía articular su lucha dentro de la industria muy eficazmente, y su reemplazo por el “obrero social” una de cuyas características es su atomización individualizante en el ámbito laboral, lo que dificulta enormemente la tradicional lucha sindical y obliga a desplazar el centro de la lucha al campo de lo político más que nunca antes.

      Yo en general me identifico bastante con esta línea de la autonomía obrera pero no soy lo bastante erudito y además soy demasiado libre-pensador como para atreverme a poner ninguna etiqueta. De todas formas esta “corriente” es demasiado generalizada y diversa como para considerarla una mera corriente, más bien yo lo consideraría un proceso de “modernización” o “actualización” del comunismo que lo impregna casi todo, que es difícil de delimitar y del que es casi imposible escabullirse, tanto si te consideras marxista como anarquista (o comunista ecléctico “anarco-marxista”, que sería mi caso y diría que es en el fondo el caso de la gran mayoría de los autónomos, reconocido o no).

      Al final no está de más recordar la frase que ese gran líder del campo burgués, el canciller Bismarck, tuvo a bien decir tras la escisión de la Primera Internacional (expulsión de los bakuninistas) y que concluyó con la autodisolución de ambas ramas por falta de energías:

      “Las cabezas coronadas, la riqueza y el privilegio temblarían si los Negros y los Rojos se unieran de nuevo!”

      En alguna manera, el movimiento difuso de la autonomía obrera, viene a plantear esto mismo sin hacerlo explícito por lo general, sino poniendo énfasis en otros aspectos, en particular la relectura del Marx póstumo, que, como bien dices, tendía mucho más hacia “el anarquismo”. Yo diría incluso que es muy injusto para el movimiento comunista en general que seamos rehenes de una disputa de hace 150 años y de la animosidad personal entre Bakunin y Marx. No tiene ningún sentido en realidad.

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  • el Mayo 16, 2017 a las 10:37 am
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    Una pregunta que me llevo haciendo, Mikel, es cómo puedes osar siquiera defender el estalinismo, cuando la corriente a la que declaras tu adhesión (Oposición Obrera) fue literalmente masacrada por Stalin en sus purgas infames:

    Alexander Shliapnikov: Se le exigió en 1930 que escribiera una confesión de sus “errores”, fue expulsado del PCUS en el 33, encarcelado en el 35 y finalmente ejecutado en 1937.

    Sergei Medvedev: Sufrió casi el mismo proceso que Shliapnikov: investigado en el 32, expulsado del partido en el 33, exiliado a Siberia en el 34, encarcelado en el 35 y ejecutado en el 37.

    Aleksei Kiselyov: arrestado e inmediatamente ejecutado en 1937.

    Otros: Yuri Lutovinov se suicidó en 1924 (!!!) desilusionado con la NEP y la burocracia. Alexandra Kollontai fue al parecer la única superviviente pero de hecho estuvo “exiliada” como embajadora entre 1923 y 1945 (murió en 1952 con 80 años), incapaz de intervenir en la política soviética.

    Qué sentido tiene defender algo que es tan atrozmente totalitario y terrorista (en el sentido original de terror político por parte del estado) que aniquila a quienes piensan como tú? Qué sentido tiene para ti, Mikel, defender el estalinismo que ha destruído físicamente a tus camaradas?

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    • el Mayo 16, 2017 a las 12:23 pm
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      La respuesta es evidente desde la lucha de clases.

      Critico el stalinismo y la línea de Stalin en el interior del movimiento comunista revolucionario, y algo lo mismo con Lenin (pero en menos puntos). Creo que la línea de la Oposición Obrera, la de que la gestión económica fuese realizada por los sindicatos soviéticos (que no son como los sindicatos bajo el capitalismo, porque englobaban a todas las obreras de las diferentes ramas industriales) y las gestión política por las instituciones soviéticas (teniendo el partido bolchevique la función de convencer ppr medio del debate y la formación y orientar a la Clase Obrera, y las masas populares -especialmente a los campesinos pobres y trabajadores agrícolas- en todas estas estructuras asamblearias de la dictadura revolucionaria del proletariado) era la correcta. No era una desviación anarcosindicalista, como la calificó Lenin, sino la aplicación de su “El Estado y la Revolución”, y de la experiencia de la Commune de París, con las que Marx y Engels se mostraron de acuerdo.

      Así que no defiendo “el stalinismo” como tú dices. Lo critico y lo combato en el seno de la lucha teórica e ideológica dentro del movimiento comunista revolucionario en los puntos en los que creo que la praxis demuestra que se equivocaron. No de forma total, global y absoluta, como si fuera ekl Imperio del Mal, o el Fascismo Rojo.

      Sé muy bien que nuestros debates no suceden en el limbo de las ideas puras de tu querido Platón :-), sino en medio de una lucha global a muerte entre capitalismo y socialismo. Con lo que hay que tener muy en cuenta quien asoma su garra tras muchas de las críticas (justas a veces, mentiras la mayor parte del tiempo) al período 1923-1953 de la URSS. Porque tras el 99,99 % de las críticas a Stalin hechas por los intelectuales burgueses, o a su sueldo el verdadero objetivo es la destrucción total y absoluta del socialismo, tanto a nivel práctico como teórico. De hecho, han logrado que cualquiera que cuestione los dogmas de la Guerra Fría sea automáticamente calificado de stalinista o de defensor del stalinismo, como me pasa siempre que se abordan estos temas.

      Y la realidad es más complicada y más dialéctica. Y yo no quiero tirar al bebé con el agua del baño ni aullar con los lobos pardos de la reacción.

      Defiendo la URSS con uñas y dientes frente al imperialismo, la burguesía. Es bastante fácil de comprender si se acepta la dialéctica. Es decir, que el mundo es en blanco y negro, en gris, y en todos los colores, y que no hay una sola dimensión binaria (sí/no, bueno/malo, arriba/abajo…) sino una gran cantidad de matices y tonalidades.

      El balance sobre las transiciónes socialistas al comunismo del siglo XX está todavía por realizar, y esta discusión me parece importante precisamente por eso. Y las batallas que nos aguardan va a ser tan duras o más que las que tuvieron que afrontar las revolucionarias del siglo pasado. Conviene analizar bien todo, sin acer en las trampas de nuestrios enemigos de clase.

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      • el Mayo 17, 2017 a las 12:38 pm
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        Me parece en todo momento muy injusto y en cierta medida manipulador que me acuses de usar los clichés (del campo occidental o capitalista) de la Guerra Fría. De hecho me parece un auténtico cliché de la Guerra Fría, sólo que uno de la Komintern/Kominform, precisamente lo que denunciaba Orwell ANTES de la Guerra Fría, desde un punto de vista “trotskista” si acaso.

        Ayer mismo en otra conversación más plural tenía que denunciar el papel contra-revolucionario de Stalin respecto a la revolución mundial o fuera de la URSS, que un aspecto de la crítica al estalinismo que no ha surgido aún en esta conversación. La política de la Komintern en el período de entre-guerras fue de promover la alianza con la burguesía “progresista” y desactivar cualquier intento revolucionario a través de los PCs oficialistas (alguno incluso acusaba al PCE de estar a la derecha del PSOE en el contexto de la guerra civil española). Eso fue muy claro en el caso “español” y también en el caso chino (aunque allí Mao fue de por libre y mantuvo un pulso permanente con el aparato pro-soviético del PCC) y en el griego, donde las fuerzas revolucionarias fueron abandonadas por la URSS en su vana pretensión de intentar que este estado pseudo-proletario pasara por “respetable” en el concierto de las potencias burguesas (los cerdos y los hombres ya no se distinguen en la última página de Rebelión en la Granja) y en el caso italiano. Esto sólo cambió tras la muerte (probablemente asesinato) de Stalin cuando la URSS decide por fin usar los procesos revolucionarios, que surgían espontáneamente, a su favor en el contexto de la Guerra Fría, aunque siempre buscando que se alinearan casi perfectamente con su modelo autoritario (Vietnam, Cuba, Angola, Mozambique, etc.)

        “Y yo no quiero tirar al bebé con el agua del baño”…

        Hay “bebés”, por usar tu metáfora, tan horribles que igual no es mala idea tirarlos al desagüe.

        “El balance sobre las transiciónes socialistas al comunismo del siglo XX está todavía por realizar”…

        Depende de para quién, igual tú y algunas otras personas tenéis aún que hacerlo, much*s otr*s ya lo hemos hecho sobre la marcha en cambio. En cualquier caso, décadas después de las últimas revoluciones de modelo soviético y del mismísimo colapso de la URSS y reforma capitalista de China, creo que ya va siendo hora de hacerlos. “Si no tú, quién, si no ahora, cuándo” (o vamos a esperar a que venga un profeta del planeta Komunistán para iluminarnos?).

        Para mí el modelo leninista (incl. el estalinismo pero no sólo) es como Cromwell respecto a las revoluciones burguesas: extremadamente “imperfecto”, autoritario y violento, en gran medida quizá porque las condiciones (objetivas y subjetivas) aún no estaban lo bastante maduras para algo mejor.

        También expresa cierta hibridación entre capitalismo (de estado, Reinischekapitalismus) desarrollista y “nacionalista” con una ideología que es sin duda proletaria (pero que no consigue dominar el desarrollo real). En este sentido se debería considerar seguramente un fenómeno transicional entre las revoluciones de dirección burguesa y las revoluciones proletarias aún por hacerse. Y es también un fenómeno específico de la periferia capitalista, que tiene más sentido allá donde la burguesía nacional era débil o inexistente, debilidad de la burguesía que es suplantada por la pseudo-clase burocrática del partido. En cualquier caso la función histórica principal de estas revoluciones periféricas, que quieren ser proletarias pero son en el fondo “capitalistas sin burguesía”, es la del desarrollo nacional (que de otra manera estaba supeditado a las potencias extranjeras).

        Dirás quizá: “Pero esas revoluciones fueron hechas por el proletariado (y campesinado)”. Anticipo aquí mi respuesta a esa objeción predecible: Sí, pero eso es también cierto en las revoluciones burguesas, donde el proletariado ponía el músculo pero los burgueses acaparaban la dirección. En las revoluciones de corte leninista se produce un reemplazo de esa burguesía (que es ya inútil) por la burocracia “vanguardista” del partido y se adopta una ideología supuestamente proletaria pero nunca se da el poder real a la clase trabajadora en su conjunto, ni ésta lo consigue reclamar para sí. Es un fenómeno que yo considero “transicional” y particularmente bien adaptado a la periferia semi-colonial, es un fenómeno “sui generis” no predicho en la teoría marxiana, es un fenómeno histórico interesantísimo… pero no es algo que podamos ni debamos adoptar como “lo que queremos” en el aquí (casi centro capitalista) y ahora (requete-pasado el período fordista al que ese sistema disciplinario se mostraba muy bien adaptado). Podemos explicarlo, podemos justificarlo en algún grado por su contexto, pero no podemos adoptarlo como propio de ninguna manera. Es que ni aunque quisiéramos: no nos sirve.

        En la auténtica revolución proletaria tendrá que haber cierta dirección o liderazgo (aún hay un rol para las vanguardias) pero lo que no puede hacerse en ningún momento es suplantar a la Clase Trabajadora, al PTV en nuestro caso, por esta vanguardia.

        Podemos usar la historia de las revoluciones burguesas para tratar de entender como consiguieron estabilizarse y lo que apreciamos es que, en un momento dado, se deja de intentar que esas vanguardias, sectas o dictadores lleven la batuta y, sabiamente, se cede el poder a un sistema eficazmente representativo y equilibrado, en un primer momento de la clase burguesa casi exclusivamente pero más adelante incluso, de forma controlada y manipulada, se cede el derecho de voto al proletariado mismo (un avance que el propio Marx veía con buenos ojos y que consideraba parte de la dialéctica de clases). Quizá el caso más claro es del de George Washington que, frente a las solicitudes insistentes de que se proclamara como rey, se negó en redondo y además sentó el precedente de sólo ser presidente por dos mandatos. Hay que decir, ya que el modelo estadounidense es paradigmático de una revolución burguesa estabilizada durante más de 200 años, que EE.UU. tuvo en algunos períodos un sistema de partido único “de facto” pero el sistema se mostró lo bastante estable como para que esta tendencia no perdurara, lo que sin duda habría traído problemas. Otro “éxito” del sistema burgués estadounidense ha sido minimizar las tendencias socialistas u obreristas, es decir: mantener cerrado el sistema como estrictamente burgués (incluso a pesar del sufragio universal).

        En este sentido yo apostaría por un sistema multi-partidista (o multi-corriente, multi-tendencia) estrictamente socialista, al estilo de la Comuna de París. No me gusta nada, por el contrario, un sistema como el venezolano, donde el monopolio de la oposición está en manos de la burguesía (que ni siquiera ha sido expropiada, para más INRI). Se me ocurren naturalmente todo tipo de diferencias en torno a las que se podría articular este hipotético multi-partidismo comunista, la más obvia quizá es centralismo vs confederalismo, ecologismo vs desarrollismo puede ser otro eje, además puede haber sensibilidades que quieran enfatizar ciertas preferencias o énfasis y que debieran poder buscar representación en las instituciones comunistas (p.e. feminismo, animalismo, pro-marihuana, etc.) Pero bueno: gero gerokoak (empiezo a caer en la política-ficción, lo reconozco).

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  • el Mayo 16, 2017 a las 8:32 am
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    Aupa, Maju!

    Te mando este artículo aparecido en el blog “Odio de Clase”. Que a su vez lo ha tomado del blog “Cultura Proletaria”. Sigo en la línea de cuestionar “evidencias” que en mi opinión, han sido fabricadas por la burguesía para desorientarnos, desmovilizarnos y desmotivarnos en la lucha contra el capitalismo y por el socialismo-comunismo.

    El imperialismo mantiene una guerra a muerte y sin cuartel con el socialismo-comunismo desde 1917 (por lo menos), desde que vieron con sus propios ojos que derrocar el poder del Capital era posible (y en 1949, con la victoria de la Revolución China, el pánico llegó a su cénit.., lo que explica el genocidio de las guerras de Corea y Vietnam… y de tantos otros sitios), que el capitalismo había entrado en un proceso de putrefacción económica (la baja tendencial de la tasa de ganancia y las crisis cada vez más profundas, cuya superación en el marco de la acumulación del capital necesita de medidas que ahondarán aún más la siguiente crisis, todo ello teorizado por Marx hace 150 años) y que la planificación económica socialista funcionaba y desarrollaba de forma vertiginosa las fuerzas productivas de la Humanidad (más bienestar colectivo con menos trabajo, y la capacidad de dirigir conscientemente la producción material y el desarrollo social, indispensable para hacer frente con éxito a la crisis ecológica global y el cambio climático).

    Todos estos factores desencadenaron una guerra global a todos los niveles, cuyo aspecto cultural-teórico-filosófico-artístico se ha mostrado en los enlaces del otro comentario. La Guerra Fría no ha acabado, eso es otro mito burgués, todos los aparatos políticos, militares e ideológicos de la guerra contra el socialismo se mantienen funcionando y han mejoradp enormemente su eficacia. El ejemplo paradigmático: la OTAN, Estado Mayor militar del Capitalismo, el club Bildeberg, Estado Mayor político, y la Trilateral, Estado Mayor económico. Estas tres estructuras y sus incontables satélites y tentáculos prosiguen la guerra de clases, que por ahora van ganando los burgueses. ¡Conviene no olvidarlo cuando hacemos estos debates sobre el marxismo-leninismo!

    `There’s been class warfare for the last 20 years, and my class has won’ Warren Buffet. 30 septiembre 2011. CNN.

    Aquí está el artículo:

    BREVE HISTORIA ECONÓMICA DE LA URSS

    El siguiente artículo fue escrito por Tatiana Khabarova el 29 de febrero de 2000 para la revista “North Compass“, la cual no lo publicó.

    ¿Cuál habría sido el curso de los acontecimientos en la URSS si hubiera ocurrido en el país una verdadera restauración, y no virtual, del régimen burgués?

    Una verdadera restauración del capitalismo, incluso, aunque fuera de forma parcial, sólo podía ocurrir por un motivo: si las relaciones de producción socialistas se revelasen, en un principio, incapaces de garantizar el ascenso ulterior de las fuerzas productivas de nuestra sociedad, y fuese objetivamente necesario recuperar ciertos elementos de la base de la propiedad privada para asegurar el progreso de las fuerzas productivas.

    En nuestro país se produjo una situación similar en el período de la NEP de Lenin.

    ¿Cuál fue el elemento de la base de la propiedad privada que necesitó la economía socialista, entonces en formación? Fue las relaciones monetario-mercantiles o relaciones de valor. Dado que en aquella época aún se desconocía la forma de manifestación y acción de la ley del valor en la sociedad socialista, fue necesario retroceder temporalmente a las relaciones monetario-mercantiles en su forma capitalista “habitual”.

    Este retroceso estratégico se efectuó bajo el control total del Estado proletario y rápidamente produjo los frutos esperados, es decir, la reanimación general de las fuerzas productivas y, sobre esta base, una cierta estabilización política.

    Sin embargo, no se deben exagerar los logros de la NEP. En un principio, la NEP no podía resolver ninguno de los problemas que se le planteaban a la Rusia Soviética, en la vía de desarrollo SOCIALISTA que había sido elegida. Todo lo que pudo hacer fue recuperar el 75%, frente al nivel de 1913, de la industria rusa que había sido destruida por la guerra imperialista, por la gestión disparatada de los “demócratas” de entonces (Gobierno Provisional), por la revuelta de los guardias blancos y de la intervención extranjera. La industria sólo comenzó a sobrepasar el nivel de 1913 con el lanzamiento de la industrialización socialista, en 1926. La producción mercantil de cereales, en 1927, apenas representaba la mitad de la producción anterior a la guerra. En 1929 fue necesario introducir el sistema de abastecimiento por señas en una serie de productos alimenticios y bienes de consumo esenciales.

    Al mismo tiempo, en el transcurso de la construcción del socialismo, el poder soviético buscaba incesantemente formas de funcionamiento de las relaciones de valor (de mercado) que fuesen parte orgánica del socialismo y garantizasen la distribución de los resultados de la producción social en interés de las masas trabajadoras. Estas búsquedas se llevaron a cabo con éxito.

    Los contornos de la modificación socialista de la ley del valor comenzaron a delinearse con seguridad a comienzos de los años 30. Sin este descubrimiento estructural fundamental -cuya importancia en la literatura marxista es, con gran frecuencia, completamente subestimada- la construcción ulterior del socialismo en la URSS habría sido imposible. El comienzo de la formación del “mercado socialista” permitió finalizar de una forma natural y necesaria la NEP. La NEP no fue abolida administrativamente, como muchas veces se afirma. Simplemente cumplió su tarea y dejó de ser necesaria.

    ASÍ SE PRESENTA el cuadro del retroceso temporal y parcial al régimen históricamente inferior, cuando es realmente necesario y dictado por causas objetivas.

    Pero nada parecido se observó en la URSS, y luego en Rusia, en los tiempos de Gorbachov-Yeltsin, a pesar de que en el alba de la perestroika muchos la compararon con la NEP.

    Indiscutiblemente que a lo largo del llamado período de “estancamiento” -cuando Brezhnev lideraba el Partido y el Estado- eran perceptibles serios fenómenos de obstrucción en la economía soviética y en la esfera social. De acuerdo con el tradicional diagnóstico de la economía política marxista, “la base, adquirida en la configuración, frenó el desarrollo de las fuerzas productivas” y por eso necesitaba mejoras radicales.

    ¿Cuál fue el principal defecto que impidió a la base socialista en la URSS, entre los años 60 y 80, cumplir el papel que le correspondía de “principal motor de las fuerzas productivas” (como formuló Stalin)? Este defecto crucial tiene una relación directa con la guerra informativa-intelectual, desencadenada contra nosotros en los años 50, y consistió en la destrucción deliberada, por la quinta columna, del MODELO ECONÓMICO DE STALIN. El modelo económico de Stalin es un mecanismo de reducción contínua y masiva de los costos y precios en la economía nacional, sobre la base del cual se produjo un rápido aumento del bienestar material, social y cultural de los trabajadores en la URSS.

    Uno de los componentes más importantes del modelo económico de Stalin constituye precisamente la, anteriormente nombrada, modificación socialista de la ley del valor. En el período de Stalin se llamaba “SISTEMA DE PRECIOS DE DOS ESCALAS”. La importancia de la modificación socialista del valor es verdaderamente enorme, ya que actúa en nuestra sociedad de forma análoga a la acción de la LEY DE LA TASA MEDIA DE GANANCIA en el capitalismo: es decir, -en lo esencial-, el principio de la distribución del beneficio, creado por la producción social. En el capitalismo, el beneficio social, bajo la forma de lucro sobre el capital, se lo apropia prácticamente todo la clase burguesa. En la sociedad socialista, el beneficio es entregado a los trabajadores a través del mecanismo de reducción regular de los precios al por menor y de la ampliación sistemática de los fondos de consumo social gratuito.

    Y fue precisamente esta construcción económica, la más compleja y perfecta en la historia de la economía mundial, que fue destruida como resultado de una serie de “iniciativas” en los años 50 y 60. Después de la famosa “reforma económica” de 1965, se puede considerar que el mecanismo económico socialista fue totalmente deshabilitado.

    Si resumimos el efecto de los daños provocados, podemos decir que la propiedad socialista de todo el pueblo fue privada del principio, que era el adecuado, de formación y distribución del beneficio de los medios de producción socializados. En cualquier Estado burgués, esto sería equivalente a que alguien bloquease artificialmente la acción de la ley de la tasa media de ganancia y el proceso de formación de beneficio sobre el capital. Y el hecho de que la economía soviética, ya mutilada con semejante gravedad, haya continuado manteniendo el país “a flote” durante 25 años, ¿no será la prueba de su excepcional vitalidad y del enorme potencial productivo que ella contiene?

    De este modo, la economía socialista en la URSS, al final de la época del “estancamiento”, no necesitaba de ninguna nueva NEP (es decir, de un nuevo retroceso hacia el capitalismo). Al contrario, necesitaba una DEPURACIÓN decidida de aquellos “retrocesos hacia el capitalismo”, artificiales y destructores, que fueron introducidos por los “reformadores”, agentes revisionistas, a lo largo de décadas, precursores directos de Gorbachov. La economía de la URSS necesitaba un poderoso saneamiento regenerador y el refuerzo de su núcleo SOCIALISTA, del principio socialista que en ella existía, y ese núcleo era precisamente el modelo de Stalin de gestión de la economía socializada. En general, ya no necesitábamos adoptar prácticamente nada de Occidente, a excepción de ciertos aspectos de importancia secundaria. Debíamos haber regresado, con toda la determinación, al camino innovador y genuinamente socialista abierto bajo la dirección de Stalin. Este camino implicaba -y hoy sigue implicando- el establecimiento de un sistema económico no sólo diferente, comparado con el de Occidente, sino superior, comparado con todo el pasado económico explotador de la civilización.

    PERO NO SIENDO la restauración del capitalismo -aunque parcial, en el espíritu de la NEP- necesaria en absoluto a nuestra economía nacional, admitamos por un instante que, a pesar de todo, era necesaria. En este caso, la consecuencia de las “reformas” de Gorbachov-Yeltsin sería la eliminación de los “bloqueos” en la economía, la superación de los fenómenos de crisis, el aumento de la producción, la afluencia de inversiones, la elevación de las cualificaciones de la fuerza de trabajo, el crecimiento de la demanda solvente y del nivel de vida de la población. En vez de todo esto, vemos la caída del PIB a la mitad -diez veces menos en comparación con las proyecciones soviéticas-, la reducción del presupuesto del Estado, el cierre masivo de empresas industriales y agrícolas, el atraso en las tecnologías punteras, el desempleo, la indigencia y la miseria en una escala sin precedentes. Este no es un resultado que permita hablar de lo sucedido como un cambio del régimen social, provocado por contradicciones internas del sistema soviético. La historia no comete disparates tales como sustituir un régimen que trababa (admitamos) el desarrollo de las fuerzas productivas por otro que simplemente las destruía. Tenemos aquí, ante nosotros, un proceso completamente diverso, al cual, desde hace mucho tiempo, ha llegado la hora de llamarle, de una vez por todas, por su verdadero nombre, el cual responde a su naturaleza objetiva: GUERRA; intervención imperialista de un nuevo tipo especial, a través de la complicidad de colaboracionistas internos y de las organizaciones criminales internas; la instauración de un diktat ocupacionista sobre el país, que tiene como fines, precisamente, sólo y exclusivamente, la ocupación y la esclavización.

    Traducido por “Cultura Proletaria” de hist-socialismo.net

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    • el Mayo 16, 2017 a las 10:11 am
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      Vaya galimatías: no me extraña que el Marxismo (y por extensión la lucha de clases) tenga tantos problemas con estos cacaos mentales que se hace la gente sólo para justificar un error.

      “El imperialismo mantiene una guerra…”

      Sólo el que se use “el imperialismo” de esta manera unitaria, en vez de como hacía Lenin: como un fenómeno plural e interactivo-destructivo en el seno del CAPITALISMO, debería prevenir contra citar ese artículo. A no ser que defiendas alguna tesis neo-Kautskiana (o neo-Hobsoniana) sobre el tema, lo que también supone base de acusación de “revisionismo”, aunque no por mí (yo lo valoraría si fuera un argumento inteligente), ya que Lenin se alzó contra esa noción aberrante de un imperialismo unificado que uniera a todas las potencias capitalistas que promovía el reformista Kautsky. Para Lenin, si hay “un imperialismo” es sólo como noción abstracta, como fenómeno de lucha intestina por los recursos y la hegemonía que se produce en el campo capitalista, un fenómeno que aumenta las contradicciones del capitalismo, no las disminuye, que lo divide, no lo unifica. Nos ceñimos a esto o empezamos a inventarnos otras nociones como hacen los estalinistas todo el rato según les convenga (Minitrue, Ministerio de la Verdad total)? O si hay razones genuinas para revisar la teoría del imperialismo de Lenin, habrá que empezar por ahí, no? Y no por “uh, hemos revisado totalmente a Lenin pero no te decimos cómo ni por qué y además el revisionista eres tú como oses llevar la contraria al Padrecito Stalin” (o Kim Jong Un o quién sea que sigan los estalinistas hoy día).

      Por cierto que la famosa cita de Buffett no es al parecer como la pones, sino:

      “There’s class warfare, all right, but it’s my class, the rich class, that’s making war, and we’re winning”.

      Que se traduce: “Claro que hay una guerra de clases pero es mi clase, la clase rica, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando”.

      Al menos así aparece en los primeros 10 más hits de una búsqueda rápida. Además no tiene sentido que hable de una guerra de clase sólo en los últimos 20 años, por qué iba a ser así?

      Lo de la NEP sobra: en ningún momento ha defendido nadie a la NEP: el problema de la práxis leninista o, en particular, Stalin no radica en la gestión económica como tal, sino en la política: en el campo de las instituciones y los derechos, en el campo de la totalmente negada democracia o poder popular. Además Gorbachev no se dedicó a volver a la NEP ni a privatizar, sino (correctamente, creo) a democratizar manteniendo el socialismo 100%. Seguramente por eso le quitaron y pusieron a Yeltsin, que era todo privatización y fragmentación al servicio, no de “el imperialismo”, sino de un imperio muy concreto: el occidental, anglosajón o estadounidense (NATOplus que le llamo yo).

      Por contra China siguió el camino “correcto” desde el punto de vista del Capitalismo: mantener el régimen autoritario de partido único pero privatizando en gran medida la economía y dando la bienvenida a los “camaradas empresarios” al PCC mismo. En definitiva, ha pasado del Leninismo o Estalinismo al Fascismo sin pasar por el poder popular en ningún momento ni de refilón. Es cierto que es un tipo de fascismo más comedido que la diarrea verbal militarista de un Mussolini o un Hitler y quizá algo de ello se deba al efecto “moderador” de la ideología comunista subyacente, que todavía renquea, pero también probablemente a la misma cultura china, que siempre ha sido muchísimo menos militarista y también menos dogmática (menos religiosa incluso) que la europea, lo que se manifiesta en el actual tablero inter-imperialista en la excelente metáfora de Pepe Escobar: los EE.UU. juegan al ajedrez pero China juega al wéiqí (más conocido por su nombre japonés: go).

      Bueno, la historia de las revoluciones está plagada de resacas reaccionarias. No me voy a escandalizar por ello pero sí que voy a denunciarlo. Y en este caso la reacción empezó con Lenin mismo.

      Respecto a Gorbachev, no se le puede hacer la crítica que se hace en tu artículo porque en ningún momento apuntó a la des-colectivización, sino a la reforma (perestroika) del sistema político, con énfasis en la transparencia (glassnost). Lo único que se le puede realmente achacar es que fuera demasiado poco y, sobre todo, demasiado tarde, y que tuvo la mala fortuna (evitable?) de verse atrapado en una pinza entre los “conservadores” que querían impedir esas reformas (fútilmente) y los “liberales” (con Yeltsin a la cabeza) que querían restablecer el capitalismo y fueron los que eventualmente triunfaron. Por cierto que Putin, al que tantos estalinistas y “geoestratégicos” admiran tanto, se posicionó desde el primer momento con Yeltsin y fue recompensado con una carrera meteórica a su sombra (aunque evidentemente no es lo mismo en absoluto: tiene una talla mil veces mayor como político y estadista).

      Como apéndice cabría un debate sobre el Imperialismo después de Lenin pero sería un tema por derecho propio. Basta con señalar que para mí Lenin sí que tenía razón en su visión, aunque el desarrollo del arsenal nuclear parece impedir la guerra interimperialista directa a partir de los años 40 ó 50, limitándola, como en la distopía de Orwell, a las guerras indirectas y semi-directas por el control de la periferia. Sin embargo, sí que el Capitalismo Occidental (quizá impulsado por el desafío de la URSS) sí que ha adoptado políticas “inter-imperialistas” de tipo kautskiano, que se traducen en cierta paridad o cuasi-igualdad de los vasallos europeos y del área sino-japonesa, y más extensivamente en el fenómeno de la globalización, acelerado sin duda a partir de la caída de la URSS pero ahora encontrando algunas resistencias (programa inicial de Trump en particular, que es/era nacional-imperialista clásico, aunque ya veremos cómo se manifiesta en lo concreto al final), resistencias que sin duda indican su agotamiento.

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  • el Mayo 15, 2017 a las 12:11 pm
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    Aupa, Maju!

    Lamentablemente, parece que nadie más se anima a participar en esta conversación-debate amistoso. Pero me parece importante seguir profundizando en este tema.

    Como tú bien dices, en la construcción progresiva de la Herritar Batasuna, que es una alianza estratégica del Pueblo Trabajador Vasco para recuperar la independencia y construir el ecosocialismo feminista, o el feminismo ecosocialista, el funcionamiento acrítico, a toque de corneta, el seguidismo de la dirección nacional, la disciplina ciega, el burocratismo, el autoritarismo, el sectarismo son cosas que se quieren evitar a toda costa. Para este proceso revolucionario que va a durar muchos años, y que va a ser muy duro y muy difícik, es necesaria una militancia crítica y autónoma, no una masa de mansos borregos, es decir, mucho debate y mucha formación para que cada militante sea capaz de pensar por sí misma, hacer sus propios análisis y decidir la línea a seguir sin jefes ni líderes. Esto es un ideal que nos va a costar mucho conseguir, pero que en sí mismo ya es revolucionario, y que dotará de una enorme fuerza a la Herritar Batasuna si lo conseguimos. Y la clave para ello es fomentar con todas nuestras fuerzas el debate libre, crítico y revolucionario, poniendo todos los datos encima de la mesa, sin autocensuras ni timideces.

    Y en eso estamos los dos, alimentando una discusión sobre la teoría y la práctica del marxismo-leninismo, que fue la única corriente revolucionaria del siglo XX que derrocó el poder del capitalismo e inició la construcción del socialismo en un tercio del planeta. Y eso hay que subrayarlo, con todas las luces y sombras que se quiera, frente a nuestros enemigos de clase, contra las mentiras y la guerra psicológica contrainsurgente del imperialismo y sus aliados. Porque los procesos revolucionarios ecosocialistas en el siglo XXI se van a enfrentar con los mismo problemas, o mayores aún, que las revoluciones socialistas del siglo XX. Y sobre todo, la guerra feroz e implacable de un capitalismo moribundo dispuesto a todo para perpertuar su barbarie genocida, etnocida, ecocida y feminicida.

    Esto hay que saberlo, para extraer lecciones del pasado, no volver a cometer los mismos errores, pero a suvez ser muy conscientes de la enorme dificultad de destruir el capitalismo, que no es un camino fácil lleno de rosas. La prueba, la historia del movimiento comunista revolucionario de estos últimos 150 años.

    Y ya que citas a George Orwell, entro a tratar este tema, que es un ejemplo paradigmático de la propaganda anticomunista y contrarrevolucionaria de la Guerra Fría. Aquí tienes un muy documentado artículo sobre quién fue George Orwell y qué función real cumplieron sus obras. Y otros enlaces, para situar la obra de Orwell en su contexto político: la guerra a muerte en todos los frentes del capitalismo contra el socialismo.

    https://www.rebelion.org/docs/6220.pdf

    http://elpais.com/diario/2003/06/22/cultura/1056232805_850215.html

    http://www.miseshispano.org/2013/07/george-orwell-y-la-guerra-fria-una-reconsideracion/

    http://www.elmundo.es/la-aventura-de-la-historia/2014/07/08/53bbca52268e3e70038b4582.html

    http://carpetashistoria.fahce.unlp.edu.ar/carpeta-3/literatura/la-izquierda-occidental-anticomunista

    https://marxismoleninismo.wordpress.com/2016/12/22/orwell-homenaje-al-delator/

    Sin negarme para nada a hacer un balance crítico, comunista y revolucionario del marxismo-leninismo, conviene saber qué hacen nuestros enemigos de clase para manipular, calumniar, tergiversar y deformar la historia.

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    • el Mayo 15, 2017 a las 4:26 pm
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      “que es una alianza estratégica del Pueblo Trabajador Vasco”

      No. Es una alianza de fuerzas (más bien modestas de momento) que se linean con el PTV o sus intereses objetivos. No es lo mismo: el partido no es la clase, no puede serlo ni puede suplantarla.

      “George Orwell (…) es un ejemplo paradigmático de la propaganda anticomunista y contrarrevolucionaria de la Guerra Fría”.

      Para nada: Orwell, además de escritor y erudito lingüista, fue voluntario internacionalista en el proceso revolucionario catalano-aragonés; “Homenaje a Cataluña” es uno de los libros de referencia sobre ese proceso, y muestra enorme simpatía por la Revolución Catalana de liderazgo anarquista, aunque él estaba con las milicias del POUM, trotskistas. Se le puede acusar sin duda de trotskismo o filo-anarquismo, se le puede incluso acusar de “traidor” a sus raíces escocesas, que reemplazó por el seudónimo más inglés que pudo imaginar, pero en absoluto de “anticomunista” o “contrarrevolucionario”, todo lo contrario. Eso no es más que basura tóxica de la propaganda estalinista y nadie debería tragarse eso, mucho menos sin haber leído a Orwell aunque sea un poco.

      Orwell murió en 1949, un año después de escribir su obra maestra “1984”, que es un juego de cifras sobre 1948. La guerra fría apenas había comenzado entonces, aunque sí que el libro parece “profético” en muchos detalles (guerra siempre en “las colonias”, nunca en las metrópolis, tres bloques que se parecen a USA, Rusia y China). De hecho yo la leí por primera vez en 1984, con unos 15 años, y en su momento más que de la URSS me parecía que hablaba sobre nuestra realidad occidental (y no es incierto, aunque obviamente toma muchas ideas de la URSS de Stalin y la Komintern). Su “Oceanía” se parece al Imperio Yanki de hecho, y la manipulación del lenguaje, sobre lo que versa mucha de su obra, se parece demasiado a lo que hace la propaganda occidental, por ejemplo pervirtiendo el término “comunismo”, desposeyéndolo de su significado original (con la colaboración interesada de Kruschev, que además de dar Crimea a Ucrania, no se le ocurrió otra cosa que proclamar que el comunismo ya se había logrado en la URSS). Otros detalles como las cámaras omnipresentes, los helicópteros tronando sobre nuestras cabezas, la TV basura, la manipulación de la historia, la falsificación de la economía, los eufemismos como el “Ministerio de la Paz” (que en nuestra realidad se llama “de Defensa”, el mismo bulo), las torturas en el Ministerio del Amor (Policía), etc., todo ello era bastante real en la Euskal Herria de los 80 o poco después. Otros detalles como lo de echarle la culpa de todo al enemigo geoestratégico (Eurasia = Rusia) se han puesto de moda más recientemente sólo.

      A mí Orwell, al que he leído en cierta profundidad, no sólo sus obras más conocidas sino también otras muchas, es una referencia y un aliento en la lucha comunista, pero en la lucha comunista genuina, no en esa degeneración odiosa del estalinismo.

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      • el Mayo 15, 2017 a las 7:06 pm
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        Sobre Orwell: los datos ahí están, y de fuentes nada sospechosas de comunistas y menos aún marxistas-leninistas: El País, El Mundo, un think tank de economía capitalista de inspiración austríaca…

        George Orwell fue un chivato de los servicios de inteligencia del Imperio Británico durante la Guerra Fría. Lo siento, pero es así. Basta con informarse un poco. Es un ejemplo claro que una cosa es la crítica comunista revolucionaria de Stalin (el mismo Lenin la hizo al final de sus días de forma radical) y otra el antistalinismo sistemático y por principio, que termina siempre en anticomunismo, y tarde o temprano en servir los intereses del imperialismo, objetiva o subjetivamente.

        Tienes razón, la Herritar Batasuna aspira a defender los intereses objetivos y la liberación-emancipación del Pueblo Trabajador Vasco a todos los niveles, y muy especialmente de su Clase Obrera, pero no es ni el Pueblo Trabajador ni la clase Obrera. Muy buena puntualización. La acepto gustoso.

        ¿Para quién escribo? En primer lugar para ti, en segundo lugar para toda la militancia de la Herritar Batasuna, en tercer lugar para nuestras simpatizantes en Euskal Herria y en el mundo de habla hispana, y en cuarto lugar, para todas aquellas que se acerquen a esta página web. Sin tabús, ni autocensuras, como tú mismo haces. Es la única forma de hacer un debate libre de verdad, y no políticamente correcto, que es ceder a la ideología dominante, que la ideología de la clase dominante.

        Has utilizado la expresión “fascismo rojo”. Es tu visión de la época de la dirección de Stalin en el Partido Comunista Bolchevique de la URSS. ¿No te extrañará que yo tenga una opinión diferente y muchísimo más favorable a la URSS de los años 1923-1953? Por cierto, la defensa de la URSS fue la posición defendida por Trotsky hasta el final de su vida, hasta que fue asesinado por un militante de la III Internacional bajo órdenes de Stalin.

        https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1940s/dm/30.htm

        Hay que hablar de todos estos temas sin tapujos, poniendo nuestras diferencias encima de la mesa, con educación, respeto, escucha mutua y ánimo de aprender unas de otras, que es precisamente lo que estamos haciendo, Maju. Porque la burguesía ha conseguido que el tema de Stalin y el stalinismo sea intocable, casi como el asunto de “condena la violencia”, y yo no estoy de acuerdo con eso. Me niego a tratar al marxismo-leninismo como “un perro muerto”, y me niego a tragarme todas las mentiras y calumnias que el imperialismo y su Guerra Fría nos han impuesto. También me niego a dar por zanjado el debate entre comunistas revolucionarias sobre los procesos de transición socialistas al comunismo en el siglo XX.

        Las ampollas surge en todos los sitios, y es bueno que sea así si el clima de debate es fraternal y unitario. Y sobre todo si estamos de acuerdo en actuar juntas a favor del feminismo ecosocialista (y al revés), como es nuestro caso, Maju. La clave está ahí. Aprender del pasado para mejor luchar en el presente por un futuro comunista para la Humanidad. Me identifico totalmente con el lema que te leído más de una vez: ¡eco-comunismo o extinción!

        Los libros de Orwell nos los metían hasta en la sopa en el colegio de curas donde estudié. Pero nadie nos habló de Antón Makarenko y su “Poema pedagógico”. Y menos aún nos dijo nadie que Stalin personalmente apoyó al profesor de los huérfanos de la Guerra Civil y la agresión imperialista de catorce estados burgueses terroristas y asesinos contra la República de los soviets y a favor del zarismo y las Centurias Negras, antecedentes del fascismo, el nazismo y el franquismo. Que dejó más de tres millones de muertos, y de la que nadie habla hoy en día. ¿Por qué será?

        https://eu.wikipedia.org/wiki/Anton_Makarenko

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  • el Mayo 15, 2017 a las 11:57 am
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    LUDO MARTENS

    OTRA MIRADA SOBRE STALIN

    KIMETZ Liburuak, 2008.

    “En general, un revolucionario que se ha deslizado por la pendiente inclinada del oportunismo, curiosamente “descubre la verdad sobre el stalinismo”, y “retoma”, tal cual, la versión burguesa y anticomunista de la historia del movimiento revolucionario bajo Stalin. De hecho, los renegados no hacen ningún descubrimiento, copian simplemente a la burguesía. ¿Por qué tantos renegados han “descubierto la verdad sobre Stalin” (por mejorar el movimiento comunista… ¿seguro?) pero, ¿por qué ninguno de ellos ha intentado “descubrir la verdad sobre Churchill”? ¡Descubrimiento que sería muchísimo más importante para “mejorar” el combate antimperialista! Teniendo en su activo medio siglo de crímenes al servicio del Imperio Británico (guerra en África del Sur, terror en la India, Primera Guerra Mundial interimperialista segudi de la la intervención militar contra la joven República soviética -yo añadiría la represión y guerra civil en Irlanda- la guerra contra Irak, el terror en Kenia, el estallido de la guerra fría, la agresión contra la Grecia antifascista, etc., etc…) Churchill es sin dud el único político burgués de este siglo que no sólo ha igualado, sino que ha superado a Hitler.” Página 23.

    “Si Lenin dirigió la Revolución de Octubre y trazó las grandes orientaciones para la construcción del socialismo, es Stalin quien ha realizado la edificación socialista durante un período de treinta años. Todo el odio de la burguesía se ha concentrado sobre el trabajo titánico cumplido bajo la dirección de Stalin. Un comunista que no adopte posiciones de clase bien firmes, frente a la información orientada, unilateral, trucada o falseada que difunde constantemente la burguesía, se perderá irremediablemente. Por ningún otro tema de la historia reciente, laburguesía tiene tan gran interés en ennegrecer y denigrar a sus adversarios como en el caso de Stalin. Todo comunista debe adoptar una actitud de desconfianza sistemática hacia toda “información” que le dé la burguesía (y los khruschevianos) sobre el período de Stalin. Y por el contrario, debe a ponerse a estudiar las teorías básicas para descubrir las escasas fuentes de información alternativas, de aquellos que objetivamente estudien la obra revolucionaria de Stalin.
    Los oportunistas de los diferentes partidos no se atreven a hacer frente a la ofensiva ideológica anti-Stalin ya que el objetivo es evidente. Y plegándose a la presión, dicen “sí ala crítica a Stalin”, pero pretendiendo criticarlo desde la “izquierda”. Hoy, podemos hacer el balance de 70 años de “críticas izquierdistas” formuladas contra la experiencia revolucionaria del Partido Bolchevique en tiempos de Stalin.” Página 24.

    “De todos lso episodios del período 1923-1953, hay que esforzarse por conocer en toda su integridad la línea y la política defendidas por el Patido Bolchevique y por Stalin. No podemos suscribir ninguna crítica de la obra de Stalin sin haber verificado los datos sobre la cuestión que se debatía y sin conocer a fondo la versión dada por la dirección bolchevique.” Página 26.

    Creo que la crítica comunista revolucionaria del marxismo-leninismo en general y de Stalin en particular debe cumplir a rajatabla las condiciones tan brillantemente expuestas por Ludo Martens en su libro. Es decir, tienen que ser críticas que nos hagan más revolucionarios, más comunistas, más anticapitalistas, más feministas, y que no caigan en las infinitas trampas urdidas por las oficinas de la guerra psicológica y contrainsurgente del imperialismo y la burguesía.

    Tarea muy difícil, pero necesaria. Imprescindible para (re)construir la teoría comunista revolucionaria que nos pueda orientar en las feroces luchas de clases en el siglo XXI.

    Besarkada bat denondako, bihotz-bihotzez!

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    • el Mayo 15, 2017 a las 3:44 pm
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      Porque Churchill no es “uno de los nuestros”? Para empezar. Ni yo, ni Orwell, ni nadie que merezca la pena idealiza a Churchill ni nada por el estilo. Hostias, un pavo que quería usar armas químicas en la II GM, que es conservador y aristocrático, no hace falta saber toda su biografía para detestarle profundamente.

      Además, qué narices es un “oportunista”, suena a neolengua de la Komintern, probablemente un tipo de insulto. Por lo que leo en Wikipedia se define por la falta de principios y el interés egoísta. A quién narices se dirige Martens? Y tú, Mikel?

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  • el Mayo 13, 2017 a las 5:40 pm
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    Aupa, Maju!

    Sigo con nuestro debate-conversación, con la esperanza de que sea interesante para la gente.

    A la hora de hacer un balance crítico y revolucionario de lo que fue el intento de construcción del socialismo en la URSS, y por consiguinete del marxismo-leninismo, hay un libro que me parece fundamental, porque rompe con los tabús impuestos por la burguesía desde siempre y hace una defensa consecuente y radical de Stalin. Y hoy en día es prácticamente imposible encontrar textos que lo hagan, con lo que mucha propaganda, ideología y bazofia anticomunista se nos ha colado en nuestros debates. Para hacer un balance hay que escuchar a todas las partes, y más si nos consideramos comunistas revolucionarios. Hay que leer a Trotsky, por supuesto, pero también a Stalin. Y no tragarse nunca las mentiras y las calumnias de la burguesía, cuyo odio del socialismo es absoluto, y contra el cual están dispuestos a ahacer las mayores salvajadas, como nos lo prueba la historia del siglo XX (Unión Soviética, China, Corea, Vietnam, Indonesia…)

    El libro está disponible en internet y os recomiendo su lectura, para poder tener otro punto de vista diferente al que nos tienen acostumbrados los medios del sistema y los antistalinistas profesionales dela burguesía. Ya que el objetivo no es sólo hundir a Stalin o denigrarlo (que también) sino destruir toda posibilidad de construcción del socialismo y de transición hacia el comunismo, erradicar cualquier voluntad revolucionaria por medio del terrorismo cultural, de imponer una determinada visión totalmnete negativa y apocalíptica de lo que fue el socialismo en la URSS. El Reino del Mal, el Poder del Demonio, el Totalitarismo genocida, el Fascismo Rojo, y todo lo demás…

    Ludo Martens. Otra mirada sobre Stalin. Kimetz liburuak. 2009.

    “Hace falta mucho coraje si uno quiere elevar su débil voz contra el huracán de la propaganda antistalinista. Y una gran cantidad de comunistas se sienten incómodos sobre este terreno de batalla. Todo lo que los más violentos enemigos del comunismo habían afirmado durante treinta y cinco años, Khruschev vino a reafirmarlo en 1956. Desde entonces, la unanimidad vocinglera condenaba a Stalin -desde los nazis a los trostkistas, desde el tándem Kissinger-Brzezinski al dúo Khrustchev y Gorbachov, parecían imponerlo “como prueba de la verdad”. Defender la obra de Stalin y la del Partido Bolchevique llegó parecer impensable e incluso anómalo. Y la intimidación ganó a la mayor parte de los hombres que se oponían sin equívocos a la anarquía monstruosa del capitalismo mundial.” Página 9.

    “Redescubrir la verdad revolucionaria del período de los pioneros del movimiento comunista soviético e internacional es una tarea colectiva que incumbe a todos los comunistas del mundo.” Página 10.

    “La clase cuyo interés fundamental consiste en mantener el sistema de explotación y opresión, nos impone cotidianamente “su” visión sobre Stalin. Adoptar otra visión sobre Stalin es estudiar la personalidad histórica de Stalin a través de los ojos de la clase opuesta, la de los explotados y oprimidos.”

    “Las campañas antistalinistas llevadas a cabo por las “democracias” occidentales entre 1989-1991 han sido a menudo mucho más virulentas y calumniosas que las llevadas a cabo en el curso de los años 30 por los nazis, debido a que en nuestros días, ya no existen las grandes realizaciones comunistas de los años treinta para hacer de contrapeso a las calumnias, como tampoco existen las fuerzas políticas significativas capaces de tomar la defensa de la experiencia soviétiva bajo Stalin.” Página 16.

    “Las guerras que el imperialismo ha llevado a cabo con el mayor encarnizamiento y con los medios más colosales son las guerras anticomunistas. Guerras militares, guerras clandestinas, guerras políticas y guerras psicológicas. ¿No es la evidencia misma que la campaña contra Stalin se ha convertido en el centro de todos los combates ideológicos llevados a cabo contra el socialismo y el comunismo?” Página 16.

    “La burguesía quiere hacer creer que el marxismo-leninismo está definitivamente enterrado, porque se da perfectamente cuenta de la actualidad y la vitalidad del análisis comunista. La burguesía dispone de una plétora de cuadros capaces de hacer evaluacioes ·cisntíficas” y “el desarrllo del mundo”. Así como prever mayores crisis, transtornos de una amplitud planetaria y guerras de todo género. Después del restablecimiento del capitalismo en la Europa del Este y en la Unión Soviética, todas las contradicciones del sistema imperialista mundial se encuentran exacerbadas. de cara al abismo del paro, de la miseria, de la explotación y de las guerras que se abren ante las masas trabajadoras del mundo entero, sólo el marxismo-leninismo es capaz de mostrar la única vía de salida. Sólo el marxismo-leninismo puede aportar a las masas trabajadoras del mundo capitalista y a los Pueblos oprimidos del Tercer Mundo las armas para su liberación. Todo el alboroto sobre el fin del comunismo, lo que intenta es DESARMAR, con la visión puesta en las luchas futuras, a las masas oprimidas del mundo entero. La defensa de la obra de Stalin, que es por esencia la defensa del marxismo-leninismo, es una tarea actual y presente para hacer frente a la realidad de la lucha de clases bajo el Nuevo Orden Mundial.” Página 17.

    “La obra de Stalin es de una vital y abrasadora actualidad para todos los pueblos que han inciado el combate revolucionario contra la bestial dominación del imperialismo. Stalin representa, así como Lenin, la firmeza en la lucha de clases más encarnizada, más implacable. Stalin ha mostrado que en las situaciones más difíciles, sólo una actitud firme e inflexible hacia el enemigo de clase permite resolver los problemas fundamentales de las masas trabajadoras. La actitud conciliadora, oportunista, derrotista y capituladora conduce necesariamente a la catástrofe y a la revancha sanguinaria de las fuerzas reaccionarias.” Página 20.

    Para que no haya malentendidos, yo me identifico con la Oposición Obrera del Partido Bolchevique (https://es.wikipedia.org/wiki/Oposici%C3%B3n_Obrera), que criticó a Lenin en 1920-1921 por defender la dictadura del Partido, en vez de la dictadura revolucionaria de las asambleas obreras, organizadas en sindicatos industriales. Y por supuesto, asumo la crítica del último Lenin a la deriva burocrática, autoritaria y chovinista gran-rusa de Stalin.

    Pero eso no me impide, para nada, valorar la obra del Partido Bolchevique y del mismo Stalin en toda su complejidad, con sus luces y sus sombras, y asumir su defensa contra la propaganda y las calumnias de la burguesía y el imperialismo. Y asumir su crítica radical desde el comunismo revolucionario, para no repetir sus errores, y avanzar más lejos, mejor y más profundamente hacia el comunismo.

    Espero que las ampollas que levante este texto sean saludables para el debate, Maju!

    Besarkada bat!

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    • el Mayo 14, 2017 a las 6:32 pm
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      Lo he encontrado y ya lo leeré pero es muy difícil justificar a Staling y en general a todo lo que supone el totalitarismo soviético. La oposición a Stalin no empezó con Krushev, cuando menos uno se tiene que remontar a Trotsky y a todos los demás que Stalin purgó en la fase inicial de su toma de poder, pero ya antes a los anarquistas, que no son un ápice menos comunistas que los bolcheviques, muy posiblemente más, y otros socialistas y comunistas diversos. Mi referencia básica para juzgar al Stalinismo quizá sería George Orwell, que se inspiró en éste y también en sus seguidores británicos y españoles, para la política-ficción más aplastantemente realista y abredora de ojos que he leído jamás, “1984” (no sólo te abre los ojos sobre el Stalinismo sino sobre cómo funciona el poder en general). Mi otra referencia fundamental es el aplastamiento de las reformas hacia el comunismo democrático de Checoslovaquia, que no lo hizo Stalin sino su sucesor Brezhnev (pero lo mismo da, la “desestalinización” fue menos real que la reforma del franquismo, que ya es decir).

      En sus escritos menos conocidos Orwell narra la concepción de la noción de “doblepensar” (doublethink), basándose en cómo los “comunistas” (Komintern) ingleses viraban brutalmente en su análisis del fascismo y en particular de Hitler según convenía a Stalin y su política exterior, como si nunca hubiesen tenido otra opinión al respecto, como si siempre hubiese sido así y sin la menor duda porque la disciplina de partido así se lo exigía. Ese tipo de funcionamiento acrítico, a toque de corneta, es lo que a mí me pareció que en la Asamblea/Acto de Durango y también después en otras reuniones se ha mencionado que se quiere evitar a toda costa. Yo fui a una segunda asamblea y me he implicado en gran medida porque en la primera, la de Durango, escuché eso de que es necesaria una militancia crítica, no una masa de borregos. Eso es la antítesis del Stalinismo, casi incluso que del Leninismo.

      En cualquier caso, si en 70 años de régimen bolchevique no se ha conseguido aproximar siquiera el Poder Popular (que es la verdadera “dictadura del proletariado” o, pasada esta, la forma de la sociedad sin clases), la conclusión debe ser que ha sido una vía fallida. Quizá no fallida de cara a los intereses “nacionales” de las “naciones” (macro-naciones o imperios a menudo) afectados, ya que en este sistema que yo defino como “capitalismo de estado” la nomenklatura suple las carencias de una burguesía inexistente o en dependencia semi-colonial, incapaz de desarrollar a la “nación”, pero es fallida de cara a la construcción de algo que se parezca siquiera al COMUNISMO en su concepción original. Y es también fallida en tanto que ha creado malos hábitos, contaminado el terreno de la ideología y de la organización de blanquismo (porque el leninismo no es más que blanquismo 2.0) y autoritarismo. Incluso, al apropiarse del término “comunismo” para hacer algo que poco o nada tiene que ver, nos ha robado a los comunistas genuinos incluso de la alineación palabra-concepto. Y aquí podríamos ir perfectamente a la “neolengua” (newspeak) de Orwell donde las palabras son transformadas en su significado, la paz se convierte en guerra, la libertad se convierte en esclavitud y el comunismo se convierte en capitalismo de estado. Y sí, por supuesto, “la ignorancia es la fuerza”… de quienes manipulan esa ignorancia, sean sacerdotes cristianos o políticos de la Komintern.

      Yo también puedo hacer una apología del leninismo o incluso de Stalin pero nunca como algo “comunista”, sino como algo nacional-desarrollista, un híbrido de capitalismo con ideología socialista, no tan cutre y tan descaradamente pro-burgués como el fascismo, sino muchísmo más interesante porque, sí, efectivamente emana de fuerzas no burguesas y está impregnado de ideología comunista… pero en la práctica no es comunismo ni se le aproxima. Puedo perfectamente defender el terror estalinista, que fue máximo durante la II GM, como algo necesario para evitar un mal mayor: la caída de la URSS en manos nazis y su transformación en colonia de Alemania. Pero lo que no puedo es, sacrificar todo el resto a esos “intereses nacionales”, mucho menos a lo largo del tiempo: antes de la II GM, después de la II GM, después de la Primavera de Praga, etc.

      En el leninismo-estalinismo se hizo de la excepción la regla y se fue tirando con plan quinquenal para el desarrollo nacional pero sin plan alguno para el desarrollo emancipado de la clase trabajadora, que al final de 70 años de ese régimen, estaba tan impotente como al principio o casi. Si no hay empoderamiento del pueblo (o clase trabajadora, viene a ser lo mismo), no hay comunismo ni nada que se le parezca. Defender a Stalin basándose en la idea o proyecto comunista, en Marx incluso, es como defender a la Inquisición o a Franco basándose en Jesús. Se puede hacer, supongo, pero es una perversión total de la idea original. Puede que la Inquisición o el Franquismo reforzaran temporalmente a la Iglesia Católica pero sin duda alguna han dañado al cristianismo más allá de cualquier posible reparación. Espero que eso no ocurra con el Comunismo pero, si fuera así, tendríamos que reinventarlo con otro nombre, porque el más allá es prescindible en el más acá, pero el más acá no es prescindible en absoluto.

      “Para que no haya malentendidos, yo me identifico con la Oposición Obrera del Partido Bolchevique (https://es.wikipedia.org/wiki/Oposici%C3%B3n_Obrera), que criticó a Lenin en 1920-1921 por defender la dictadura del Partido, en vez de la dictadura revolucionaria de las asambleas obreras, organizadas en sindicatos industriales. Y por supuesto, asumo la crítica del último Lenin a la deriva burocrática, autoritaria y chovinista gran-rusa de Stalin.”

      Vale. También voy a echar un vistazo a ese enlace.

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    • el Mayo 14, 2017 a las 6:55 pm
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      PD- Interesante la aproximación de la Oposición Obrera, que no conocía, aunque no tengo nada claro que papel podrían haber jugado los sindicatos (criticados por Lenin por su reformismo y gremialismo, aunque hay que decir que es así como generalmente se acumulan fuerzas: con batallas concretas por objetivos concretos). Quizá podrían haber sido un paliativo pero mi concepción es mucho más parecida a un estado de soviets genuino, no uno controlado por un partido, sino multipartidista o multi-corriente o como se quiera describir. Para mí uno de los grandes errores de los diversos intentos socialistas es permitir que la oposición quede en manos de la burguesía, ya sea en el exilio o, aún con demasiado poder, en el interior. Incluso cuando se consigue suprimir totalmente el poder de la clase explotadora, al no existir un sistema plural que permita la sana competencia de ideas en el marco democrático y socialista, al no permitir la existencia de oposición socialista o comunista siquiera, el sistema se vuelve rápidamente demasiado rígido e ineficiente — puede que sea eficiente en desarrollismo y productivismo en ciertas circunstancias, pero es políticamente ineficiente, ya que siempre mandan los mismos: no habiendo alternancia ni casi debate, fallando en última instancia incluso la información, porque el lameculismo orgánico se vuelve norma y nadie osa dar malas noticias, por no mencionar que un sistema así favorece igualmente a las personalidades cuasi-psicóticas trepa-maquiavélicas que tanto éxito cosechan en el Capitalismo. Si el poder no está en manos del Pueblo, si no hay crítica, alternancia, debate, caiga quien caiga, entonces al final sólo los “pequeños hombrecitos” de Reich son quienes se enganchan al poder como lapas y lo acaparan, resultando en un desastre corrupto-corporativo.

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  • el Mayo 11, 2017 a las 10:22 am
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    Aupa, Maju!

    Sigo en este curioso debate y conversacion amistosa. Curioso digo, porque ninguno de los dos nos definimos como marxistas leninistas. Espero que las compañeras marxistas leninistas de la Herritar Batasuna, o de fuera de ella, se animen a escribir y defender sus puntos de vista. Creo que es imprescindible, y que esto va a enriquecer el debate. Y mejorar nuestra formación, después de años de desierto teórico y estratégico en el MLNV, y de falta de debate de fondo y de formación. lo cual, evidentemente, no es casualidad, sino parte del proceso de desarme global a todos los niveles de la Izquierda Abertzale. Desarme teórico que ha precedido al desarme material.

    Desde luego que el tema levanta ampollas por todos los lados. Pero no hay que levantar más ampollas de las necesarias, y el término “fascismo rojo”, a demás de ser profundamente insultante e injusto, incorrecto y calumnioso, tiene una lectura política claramente burguesa e imperialista, fruto de la Guerra Fría. Y eso también hay que denunciarlo, aunque (te) levante ampollas.

    Según la ideología y la mitología del capitalismo liberal parlamentario, autodenominado “democrático”, estarían por un lado las “democracias” y por otro lado los “totalitarismos”. Esto es puro anticomunismo y apología de la dictadura burguesa del Capital con formas parlamentarias y de partidocracia. Ellos en el medio, “entre Stalin y Hitler”, defendiendo la “libertad”. Angelitos… Pura propaganda.

    Hay que ser conscientes que la burguesía imperialista lleva más de cien años librando una guerra ideológica sin cuartel contra las revolucionaes socialistas/comunistas y sus teorías, y que en esa lucha a muerte ha dedicado recursos inmensos de propaganda y acción psicológica para calumniar, denigrar, falsificar, intoxicar, falsificar y deformar sin ningún remordimiento todas la experiencias de transición socialista al modo de producción comunista del siglo XX, como hicieron antes con la Commune de París. Y antes más con cualquier lucha revolucionaria y libertaria, desde Espartaco hasta Thomas Müntzer.

    Las revoluciones populares y socialistas en el siglo XX se realizaron en condiciones terribles, con guerras y agresiones imperialistas de carácter genocida (Rusia, China, Corea, Vietnam…), con una resistencia feroz de las burguesías locales, con problemas enormes de táctica y estrategia, miseria económica y falta de recursos, etc… Y todo nos indica que las revoluciones socialistas en el siglo XXI se van a adar en condiciones parecidas, sino peores aún. El papel lo aguanta todo, pero la realidad material es más difícil de transformar de lo que en general solemos pensar. Y hay que matizar muchos nuestros juicios, infomarse bien y escuchar a los revolucionarios antes que a la proppaganda del enemingo de clase.

    Dicho esto, para mí está claro que ni el marxismo es todo el pensamiento de Marx, ni el leninismo es exactamente el pensamiento de Lenin, sino que son elaboraciones en gran medida ideológicas que deforman y reducen las teorías de estos dos militantes comunistas revolucionarios. Lo mismo para el resto de “ismos”. Y también estoy de acuerdo en que hay que hacer el balance general de los procesos revolucionarios de transición socialista al modo de porducción comunista, y que eso supone criticar radicalmente lo que se suele llamar el “marxismo-leninismo”, porque junto con méritos evidentes, sobre todo en la etapa de conquista del poder por las clases trabajadoras, obreras y campesinas, a la hora de garantizar realmente la dictadura revolucionaria del proletariado, han terminado siempre en la dictadura del partido, que, para decirlo en palabras de Trotsky criticando a Lenin, ha derivado en la dictadura del Comité Central, que ha evolucionado hacia la dictadura de la oficina política, que ha terminado en la dictadura del secretario general, con culto a la personalidad (fetichismo e idolatría) incluido. Y esto, evidentemente, no es casualidad. Las comunistas tenemos un problema, práctico y teórico de primer nivel, que no va aser fácil solucionar. Y que requiere de mucho estudio y reflexión.

    Aquí dejo mis reflexiones por ahora. Recuerdo a la maravillosa unidad de la Commune de París, unidad que se realizó en la práctica, en medio de una lucha heroica sin cuartel, entre diferentes corrrientes revolucionarias. Y también me acuerdo de Stalingrad y su batalla, que decidió la Historia del siglo XX. En los dos casos, con todas las críticas que tengo, sé muy bien de qué lado de la barricada me encuento y me encontraré siempre, a pesar de todas las contradicciones inyernas en el campo revolucionario.

    Izan ongi, Maju, eta aurrera denok!

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    • el Mayo 11, 2017 a las 1:04 pm
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      Por desgracia no creo que tu crítica aborda lo que hay que abordar. Pareces más preocupado por no pisar huevos o callos o lo que sea, que por hacer el debate en los términos que procede, p.e., dentro del mismo marxismo, que opinaban Marx y Engels respecto a estos temas, a veces contradictorio, sobre todo en el caso de Marx, pero generalmente muy alejado de las premisas autoritario-vanguardistas de Lenin y Blanqui.

      En cualquier caso, la diferencia entre democracia o poder popular por un lado y dictadura o poder de una minoría por otro, va mucho más allá y mucho más acá que la burguesía y sus regímenes ad-hoc. Y a mi entender, y por lo que sé también del marxismo pre-leninista (y en gran parte también post-leninista), se trata de dar el poder a la clase trabajadora y eso implica NECESARIAMENTE democracia de un tipo u otro, puesto que las clases trabajadoras son siempre al menos el 90% de la población. No es condición suficiente quizá, pero es condición necesaria, y es una condición que el “Leninismo real” viola con consecuencias de mucha enjundia, incluyendo la reversión al capitalismo (primero de estado, luego capitalismo a secas) de las revoluciones que ha abanderado, incluyendo también la imposibilidad de facto de reforma democrática de dichos regímenes e incluyendo la desastrosa tutela infantilizante (y a menudo explotadora) sobe la clase trabajadora de los países afectados, que acaba buscando en ideologías burguesas y reaccionarias un antídoto contra esta situación inaguantable.

      El mismo leninismo, que ha copado muy injustamente el campo del marxismo y del comunismo más en general en el último siglo, se ha visto forzado una y otra vez a distanciarse de este despropósito totalitario: primero fueron los trotskistas, más tarde los eurocomunistas, etc. Y a todos ellos se les puede hacer muchas críticas pero la que yo creo que es más central es no reconocer que el leninismo (al menos el leninismo práctico en el período 1917-24) es la semilla de la que brota el árbol estalinista. Cuando los ex-bolcheviques de Kronstadt se rebelaron, acabada ya la guerra civil que servía de pretexto para la dictadura de partido, exigiendo la restauración del poder soviético democrático, fue Trotsky en persona quien dirigió la ofensiva contra ellos y las ejecuciones masivas que siguieron. Lamentablemente el episodio de Kronstadt, que quería ser semilla de una “tercera revolución” acabó en contrarrevolución y mayor totalitarismo.

      Ese totalitarismo funcionaba? Sí, sin duda. Casi exactamente igual como funcionaban los fascismos (aunque obviamente con una ideología diferente: anticapitalista, al menos en la intención inicial): el contexto fordista (o de obrero masa o de fábrica disciplinaria) era muy conductivo a la gestión centralizada, autoritaria y vertical. De esta manera el leninismo (o su desarrollo estalinista) se convirtió en una fórmula exitosa para muchos países carentes de un burguesía nacional que pudiera impulsar su desarrollo. Pero nótese que, aunque la ideología es roja, la práxis es la de un capitalismo de estado extremo, de un capitalismo desarrollista sin burguesía. Hacia 1968 (fecha propuesta por Negri) el fordismo muestra claros signos de colapso y, si bien, el capitalismo parlamentarista occidental supo (con sus contradicciones inmensas) adaptarse al nuevo ciclo toyotista (o de “obrero social”), el tardo-leninismo no supo ni quiso. A mi entender esa fue su última oportunidad para reformarse y redimirse y, en vez de hacerlo, sacaron los tanques a aplastar a quienes exigían e intentaban implementar esas reformas tan urgentes y necesarias en Checoslovaquia. No es en absoluto casualidad que fuera también en esa época (los 70 y 80) cuando acaban los regímenes fascistas o neo-fascistas occidentales también: ambos colapsos responden a la misma lógica, sólo que uno fue supervisado, tutelado y casi dirigido, mientras que el otro fue resistido tenazmente y finalmente implotó de mala manera.

      Por supuesto las crisis no se acaban ahí, ni las occidentales, ni las de los regímenes derivados del leninismo, como China, pero tampoco me voy a enrollar más.

      “Las comunistas tenemos un problema, práctico y teórico de primer nivel, que no va a ser fácil solucionar. Y que requiere de mucho estudio y reflexión”.

      No creo que sería tan grande el problema si no fuera por el desarrollo leninista y estalinista. El Capital mismo tiene mucho interés en confundir Comunismo con modelo soviético (que es cualquier cosa menos comunismo, dijera lo que dijera el payaso de Kruschev) y los propios comunistas demasiado a menudo lo confundimos también. Si nos centramos en lo original: en la Comuna de París y la Primera Internacional, creo que los parámetros son muy válidos: se trata de establecer el poder popular, no sólo en las instituciones políticas, sino a todos los niveles, muy en particular en las empresas (un trabajador: un voto). Por supuesto que hay que actualizarlo (feminismo, ecologismo, nuevas tecnologías, etc.) pero no hay contradicción con aquel proyecto inicial, más aún: a mi entender la situación está por fin casi madura en Occidente, al menos desde el punto de vista de las “condiciones objetivas” (degradación creciente de las condiciones de vida del proletariado, amenaza brutal de colapso ecológico, clase trabajadora “madura”: educada y conectada, grandes avances reformistas intermedios, ahora amenazados, que en algún grado prefiguran logros a consolidar en el comunismo, imposibilidad objetiva del reformismo, etc.), otra cosa son las “condiciones subjetivas” (consciencia y organización), que hay que crearlas o mejorarlas mucho sin duda (pero podemos aprender de la Revolución Rusa, p.e., cómo estos parámetros se disparan en cuestión de meses en las circunstancias adecuadas).

      Soy mucho más optimista porque me parece que la ruptura revolucionaria con el Capitalismo es casi inevitable en pocas décadas (quizá incluso años en algún caso más avanzado?) porque nos enfrentamos a una situación en la que, por la contradicción ecológica principalmente, el Capitalismo se ha vuelto ya inviable. Aunque es una contradicción extremadamente amenazadora (“eco-comunismo o extinción”, diría yo), también cumple una función de acelerar las contradicciones, de mostrar la inviabilidad objetiva de un sistema productivo que es no solo explotador de la humanidad, sino de la naturaleza misma, que ya no sólo explota a la humanidad sino que la amenaza de muerte casi inminente, obligándonos a replantearnos todo como especie (el 90% de la cual es clase trabajadora, o sea que también “como clase”).

      Pero en cualquier caso no puede ser el modelo leninista ni de lejos: ni se corresponde con nuestras condiciones “tardo-toyotistas” ni nos lleva a donde necesitamos ir, ya que es un modelo desarrollista y lo que necesitamos es un modelo ecologista, sostenible, menos desarrollista (desarrollos que aumenten la sostenibilidad, la autogestión y la autosuficiencia, desarrollos anti-alienación, no desarrollo a cualquier precio). Por eso también es necesaria esa crítica del leninismo, incluso del marxismo a veces, porque, si no, no vamos a tener herramientas teórico-prácticas adecuadas para impulsar ese desarrollo de las condiciones subjetivas, sin las que la revolución (que ocurrirá en gran medida de forma cuasi-espontánea, como siempre) se encontrará en una deriva sin rumbo. Dando tumbos igual se llega a alguna parte… o no, mejor si tenemos un buen plan de antemano.

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      • el Mayo 12, 2017 a las 8:46 am
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        Pues sí, Maju, tienes toda la razón, estoy preocupado por no pisar huevos que tienen nutritivas proteínas revolucionarias y combativas, anticapitalistas y comunistas, que muchísima falta nos hacen ahora que amplios sectores de la izquierda (que en su día se autodenominaba) revolucionaria se están rindiendo, o se han rendido ya ante el Capital y el Imperialismo, desde Colombia hasta Irlanda, pasando por Euskal Herria. Se trata de limar diferencias, o por lo menos intentarlo, y no de acentuarlas.

        Se trata de construir la unidad en la práctica revolucionaria, sabiendo que a nivel teórico e histórico tenemos profundas diferencias entre nosotras, diferencias que hay que debatir radicalmente, en profundidad y sin tapujos, pero al mismo tiempo en un espíritu unitario, fraternal, de mutua escucha tras las batallas de las luchas de clases de todo el siglo XX, en las que todas las corrientes revolucionarias han tenido sus luces y sus sombras. No sé si me explico. Lo prioriario aquí y ahora es la unidad, en la lucha y por medio de la lucha, contra los enemigos de clase, nacionales y patriarcales. El debate teórico se debe subordinar a ese objetivo práctico. Lo cual no significa que no lo impulsemos, como estamos haciendo ahora mismo. Esto es fundamental y por eso estoy invirtiendo tiempo y esfuerzo debatiendo muy a gusto contigo, porque pienso que es muy importante clarificar estos temas.

        Y por supuesto, no estoy por pisar los callos de mis compañeras de lucha, ahora que el marxismo-leninismo no está de moda, sino más bien todo lo contrario. Lo cual no significa que me niegue al debate, como puedes ver, ni que no tenga mi propia posición, que evidentemente no es la tuya, ni falta que hace. Simplemente tengo mis prioridades, y una de ellas es fortalecer la Herritar Batasuna en la lucha y por medio de la lucha, teórica, claro está, pero sobre todo PRÁCTICA. Aquí y ahora, en la Nafarroa Osoa del 2017. Y muchas de las que están dispuestas a luchar por la Revolución Ecosocialista Vasca se consideran marxistas-leninistas. Otras no, como nosotros dos.

        Por parafrasear a nuestro querido y admirado Karl Marx:

        “Hace casi treinta años, cuando aún era la moda del día, que critiqué el lado mistificador de la dialéctica hegeliana. Pero justo cuando elaboraba el primer volumen de El Capital, los epígonos gruñones, presuntuosos y mediocres que predominan ahora en la Alemania culta se complacían en tratar a Hegel como el bueno de Moses Mendelssohn trataba a Spinoza en tiempos de Lessing, a saber, como un “perro muerto”. Por eso me confieso abiertamente discípulo de ese gran pensador, y en algunos pasajes del capítulo sobre la teoría del valor coqueteo con su modo peculiar de expresión.” Epílogo a la segunda edición alemana del primer tomo de Das Capital. Londres, 24 de enero de 1873.

        Me niego a tratar el marxismo-leninismo como un “perro muerto”.

        Resumiendo mi posición:

        1.- No soy marxista-leninista, por muchas de las razones que tú mismo has citado. Y por otras más que en el curso del debate irán apareciendo. En eso estamos los dos de acuerdo.

        2.- Se denomine uno marxista-leninista o no, creo que todas las comunistas revolucionarias debemos leer y estudiar sistemáticamente a Marx y Lenin (y a Engels!), porque las bases científicas de la teoría revolucionaria y de la crítica del sistema capitalista se encuentran fundamentalmente en sus obras. He conocido a muchísimas marxistas-leninistas que no conocían practicamente nada de Lenin, y mucho menos de Marx o Engels. Su marxismo-leninismo era más una etiqueta ideológica que otra cosa. Por eso estamos impulsando los seminarios de lectura, debate y estudio colectivo de Das Kapital para septiembre de este año, que durarán hasta junio del 2018. Para que la peña tenga una buena formación teórica, y luego decida por ella misma, sin jefes ni líderes supremos, qué es lo que quiere hacer, y cómo de quiere hacer llamar.

        3.- La dictadura revolucionaria del proletariado debe ser ejercida principalmente por la Clase Obrera, y por el resto de fracciones del Pueblo Trabajador, por medio de sus órganos de lucha, que son las juntas, asambleas y batzarres obreros y populares de pueblos, ciudades, fábricas y lugares de trabajo. El estado socialista es la Comuna de París. O sea, no es un estado en el sentido clásico del término, es un estado proletario, orientado hacia la transición socialista al modo de producción comunista, y por lo tanto, se va convirtiendo, por medio de la lucha de clases revolucionaria contra la división social del trabajo, el patriarcado y la burocratización, en una comunidad, una organización, una confederación de asambleas de ciudadanas productoras libremente asociadas. Creo que en esto también estamos de acuerdo.

        4.- El partido o las organizaciones revolucionarias deben ganarse la confianza, la mayoría y la hegemonía en el seno de esos órganos y estructuras de Poder Obrero y Popular. Y se hace lo que digan esos órganos y estructuras, no lo que previamente hayan decidido los partidos y organizaciones de vanguardia, Todo el poder a los soviets! Pero en serio y de verdad… También en esto estamos de acuedo, creo yo…

        5.- Coincido contigo en que hay que hacer un balance crítico y revolucionario de estos últimos 150-170 años de lucha (1848: Manifest der Kommunistischen Partei), y analizar la PRÁCTICA REAL de los comunistas-socialistas revolucionarios (desde Bakunin, Kropotkin, Malatesta, Durruti, Berneri y el resto, hasta Lenin, Stalin, Mao, Luxemburg, Trotsky, Ho Chi Minh, CHE, Fidel, Hoxha, etc…) De este balance surgirá(n) la(s) nueva(s) teoría(s) comunista(s) revolucionaria(s) en el siglo XXI.

        Te tengo que dejar. Salud!

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        • el Mayo 12, 2017 a las 12:25 pm
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          Entiendo lo de ser delicado e intentar no pisar huevos ni callos, pero no lo comparto por personalidad y por necesidad política. Ser tan delicado equivale a no poner el cascabel al gato, a no señalar con el dedo cuando desfila pomposo el emperador desnudo, a no debatir en serio por cortesía o “correctismo”, vestiduras burguesas de la hipocresía. No me parece adecuado y, más aún, me parece hasta peligroso.

          No quiero ser sectario y estoy de acuerdo en que la gran mayoría de quienes aún se aferran a la etiqueta “marxista-leninista” son gente perfectamente respetable y de gran honestidad revolucionaria, aunque un poco confusos (confusión que no está de más discutir e intentar aclarar). Sin embargo también los hay entre los habitantes de ese “label” quienes creen firmemente que el Poder Popular puede y debe ser reemplazado por la dictadura de unos iluminados vanguardistas, que consideran a la clase trabajadora como mero material para sus construcciones ideológicas y políticas de “todo para el Pueblo pero sin el Pueblo”, que ya sabemos cómo degeneran rápida e inevitablemente.

          Algunos matices a los cinco puntos en que organizas tu posición:

          2. No sólo está bien leer y entender a Marx, Engels y Lenin. Sino a un larguísimo etcétera de autores clásicos (incluyendo a los anarquistas y a muchos otros de posturas independientes pero no menos interesantes quizá), así como a muchísimos autores más modernos (que a menudo sintetizan y desarrollan lo que proponían los clásicos pero que también pueden abordar otros aspectos como el ecologismo o el anti-patriarcado, que son pilares fundamentales sin los que estamos tuertos, mancos y cojos).

          Una referencia ineludible aquí es marxists.org, donde se pueden encontrar en muchos idiomas (incl. en algunos casos en euskera, v. “cross-language index”) una biblioteca impresionante de autores marxistas pero también anarquistas y de otras tendencias socialistas, etc. Es imposible y quizá incluso indeseable leerlo todo pero está siempre bien tener esos materiales a mano.

          Pero a mi entender es incluso más importante el pensar uno mismo de forma crítica y creativa. Los clásicos son una referencia pero pertenecen ineludiblemente al pasado, teniendo todos ellos carencias importantes, en parte por el contexto histórico en el que vivieron y en parte porque incluso los más brillantes eran ineludiblemente humanos, es decir: limitados. Hoy día, con la urgencia revolucionaria en que vivimos y con el extremo desarrollo tanto del Capital como de la clase trabajadora misma, es muy necesario repensar y actualizar. Y, al contrario que nuestro infame compatriota españolista Unamuno, no creo que debemos esperar a “que inventen ellos”, sino que debemos en la medida de nuestras capacidades y necesidades intentar “inventar nosotros”, más bien al estilo de Argala, Likiniano o Xaho. Esto sin merma de que también puedan “inventar” otros, como por ejemplo los compañeros y compañeras kurdas con su teoría y praxis revolucionaria del Confederalismo Democrático, que tan bien nos vendría debatir y que tan poco interés parece despertar en Euskal Herria.

          3. No existe una diferencia entre “clase obrera” y “pueblo trabajador” que yo sepa. La “virtud” del capitalismo (al menos según Marx, y yo añadiría que la realidad le da la razón) es que disuelve las distinciones entre diversos segmentos de la clase trabajadora y nos concentra en las ciudades (evidentemente este proceso tiene muchas pegas pero es parte objetiva del proceso dialéctico del Capital y de la mismísima génesis de la clase trabajadora como sujeto). El Pueblo Trabajador es lo mismo que la Clase Obrera en su dimensión concreta o etno-nacional, y es lo mismo que “el Pueblo” menos su segmento burgués (que viene a ser el 10%: 1% gran burguesía y 9% pequeña burguesía), o sea que es lo mismo que “el 90%” que se gritaba en las plazas de Europa y América hace no mucho (aunque no de “el 99%” que coreaban algunos, cayendo en el interclasismo).

          De acuerdo con lo de el estado. El otro día en una asamblea alguien hablaba de “auzokrazia”, pues también: al final son términos que usamos y lo importante es el contenido, no tanto la semántica (que a veces nos perdemos en ella). Yo a veces uso el término “Cuba-Suiza”: como Cuba (o mejor) en lo económico-social pero como Suiza (o mejor) en lo político-institucional. Nuestro modelo tradicional se parece mucho al suizo pero lamentablemente ha sido tan aplastado que resulta difícil reconocerlo, el modelo de Confederalismo Democrático kurdo también se aproxima mucho, con la ventaja de que preconiza la superación del estado-nación burgués y se estructura en una praxis marcadamente socialista, tanto en la teoría como en la práctica.

          4. Absolutamente. Una cosa es que tengamos objetivos claros y otra que seamos capaces de llevarlos a cabo. El partido o frente debe respetar el Poder Popular, puesto que éste es el objetivo supremo.

          5. Lo mismo que el punto #2.

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  • el Mayo 9, 2017 a las 9:03 am
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    Yo creo que las compañeras que se autodefinen como marxistas-leninistas tienen que participar en la HERRITAR BATASUNA como el resto de la militancia, siendo muy conscientes todas de que esta organización-movimiento es una unidad popular estratégica para recuperar la independencia y la reunificación de los territorios navarros, y para conquistar el ecosocialismo, el feminismo, la reeuskaldunización, el poder obrero y popular, etc…en Euskal Herria.

    En este sentido, HERRITAR BATASUNA es (y debe ser) muy plural en sus formulaciones teóricas, teniendo claro que entre nosotras hay reavolucionarias de muchas sensibilidades, empezando por comunistas de todas las tendencias, desde libertarias a stalinistas, pasando por trotskistas y maoistas, además de ekintzales, patriotas navarras, anarquistas, feministas, ecologistas, creyentes de la Teología de la Liberación, comunalistas euskaldunes, abertzales revolucionarias, etc…

    ¿Cómo se organiza todo esta cuadrila y ensalada sin caer en pasteleos y componendas inoperantes ni en excisiones interminables? Hay mucha gente que piensa que no es posible y que no da un duro por nuestro proyecto de unidad independentista y socialista revolucionaria. Que no vamos a durar ni dos telediarios.

    Nuestra tarea es demostarle a la gente que el gran reto de las revolucionarias de principios del siglo XXI es construir en la lucha y por medio de la lucha, la síntesis teórica y práctica (la praxis) necesaria para realizar la revolución anticapitalista (y por lo tanto, socialista, comunista, feminista, ecologista, indigenista, antifascista, antimperialista, comunalista, libertaria…) que pueda garantizar la supervivencia de la Humanidad. Así de claro.

    Eso exige de nosotras mucha voluntad de diálogo, de limar aristas en las diferencias, de acuerdos en la práctica real, en las decisiones concretas, de mutuo conocimiento de las identidades teóricas e ideológicas de cada una de nosotras. Y de poder real y efectivo de las Batzarres, de las Asambleas, de toda la militancia, consciente, formada, activa, crítica, responsable, combativa.

    En esta tarea, el aporte de las compañeras marxistas-lenistas es fundamental, como es fundamental la crítica de otras sensibilidades estratégicas, que a su vez deben, debemos aceptar las críticas que nos hagan las marxistas-leninistas. Así avanzaremos todas.

    Yo personalmente me defino como comunista revolucionario, creyente de la teología de la Liberación, y con la referencia teórica central del comunismo científico elaborado por Karl Marx y Friedrich Engels.

    Creo que hay avanzar, basándose en esta teoría revolucionaria fundamental, hacia una nueva síntesis que integre lo ejos de TODAS la tradiciones revolucionarias de los siglos XIX y XX, y que haga un balance global de estos 150 años de lucha.

    La clave, en mi opinión, es reconstuir en la lucha y por medio de la lucha la unidad, no exenta de contradicciones y tensiones que se vivió en la Commune de Paris, y en los primeros años de la Revolución Soviética (1917-1921) entre todas las familas realmente revolucionarias. Sin abandonar nadie su identidad teórica y estratégica, pero priorizando los acuerdos concretos sobre temas concretos, y la unidad revolucionaria frente al enemigo de clase, nacional y patriarcal. Y elaborando al mismo tiempo la síntesis teórica que nos permita integrar todas la corrientes en esta lucha por la Revolución Vasca.

    En resumen, queda abierto el debate sobre la importancia del marxismo-leninismo en especial y de la teoría revolucionaria en general en el seno de la HERRITAR BATASUNA.

    Los seminarios de debate y formación sobre DAS KAPITAL que queremos impulsar a partir de septiembre de este año, en las cinco capitales (Iruñea, Bilbo, Baiona, Donostia y Gasteiz) y que se van a prolongar hasta junio del año que viene puede ser un buen marco de discusión sobre este tema.

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    • el Mayo 9, 2017 a las 1:16 pm
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      Si definimos el marxismo-leninismo (o como prefiero llamarlo yo, puesto que no es esa la actitud de Marx, “blanquismo-leninismo”) como la teoría y praxis de que una minoría organizada y presuntamente “consciente” de “revolucionarios” autoelegidos tenga el “derecho” a gobernar dictatorialmente sobre la clase trabajadora con la excusa de que ésta quizá no tenga suficiente conciencia de clase, me opongo frontalmente por varias razones:

      (1) por principios: el Poder Popular es fin y medio, una pandilla de autoelegidos “vanguardistas” no puede suplantarlo. Incluso si seguimos al Lenin teórico (que me parece muy razonable en muchísimos casos): un paso por delante del Pueblo, pero ni uno más. El Lenin práctico quiso saltarse esa máxima y pasó lo que pasó

      (2) por eficacia: esta demostradísimo a estas alturas que esa vía es extremadamente ineficaz a la hora de lograr aproximarse siquiera al Comunismo, que produce un régimen totalitario “de escribas” que inevitablemente degenera en el capitalismo, capitalismo de estado primero, capitalismo a secas después. Tiene quizá una función histórica en el desarrollo y emancipación “nacional” de las periferias semi-coloniales, siempre dentro de un contexto fordista-disciplinario ya caduco, pero por eso mismo no nos sirve de nada en el corazón de la bestia capitalista.

      (3) por encaje histórico: las condiciones del siglo XXI no son para nada las de principios del s. XX o finales del XIX. El Capitalismo sigue dominando pero hace mucho que cambió de fase (de fordismo a toyotismo, de obrero masa a obrero social, de disciplina a cooperación, etc.) y además se han agudizado contradicciones antes casi invisibles (catástrofe ambiental) y creado condiciones nuevas (clase trabajadora muy formada y extremadamente conectada en “tiempo real”). En consecuencia intentar aplicar a fecha de hoy esos análisis y modelos “primitivos” y “toscos” sin una crítica y un replanteamiento radicales es perder el tiempo.

      (4) por dignidad personal: yo no quiero ser corresponsable de otro estalinismo ni de otra Corea del Norte, en consecuencia me niego a colaborar con gente que defiende semejantes modelos de “fascismo rojo”. No puedo, exactamente lo mismo que no puedo colaborar con un defensor del maltrato de género o de la explotación laboral o medioambiental.

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      • el Mayo 9, 2017 a las 2:22 pm
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        Creo que empezar a utilizar términos como “fascismo rojo”, o comparar el marxismo-leninismo con el maltrato de género o la explotación laboral y medioambiental o anunciar que te vas a negar a colaborar con compañeras marxistas-leninistas no es la mejor manera de comenzar a debatir sobre teoría revolucionaria y empezar a construir la Herritar Batasuna, Maju. Te lo digo como lo veo y con la misma franqueza que tú utilizas para dar tus opiniones. No me gusta ni el tono ni el contenido.

        Cada corriente y tradición revolucionaria tiene sus contradicciones, errores y zonas de sombra,como también tiene sus puntos fuertes, virtudes y conquistas históricas y de lo que se trata ahora es de crear un polo revolucionario en Euskal Herria que le plante cara al Capital y a los estados conquistadores, a la burguesía vasca del PNV y a los reformistas de todo pelo (EHBildu y Unidos Podemos). Y de debatir en lo concreto de la lucha de clases en la Euskal Herria del siglo XXI. Y decidir qué hacer aquí y ahora. Con las que estamos dispuestas a luchar aquí y ahora.

        Así que hay que saber identificar bien los enemigos, los contrarios, y las contradicciones secundarias en el seno del Pueblo Trabajador Vasco, porque sino, la unidad entre revolucionarias se convierte en imposible. Y eso es precisamente lo que desean nuestros enemigos y nuestros contrarios. Que la Herritar Batasuna naufrague en un mar de contradicciones, y lo haga cuanto antes. Para que todo siga como siempre en el maravilloso mundo de la “convivencia democrática”.

        ¿Quiere decir esto que no debes criticar lo que te parezca mal del marxismo-leninismo? Para nada. Por supuesto que no. El debate enriquece. Y está claro que a nivel de balance histórico tenemos muchísimo de lo que debatir. Pero las formas y el tono muchas veces pueden ser determinantes en su desarrollo. Y creo que los dos somos muy conscientes de las dificultades que entraña luchar juntas personas de tradiciones y corrientes tan diferentes, especialmente anarquistas y libertarios junto con marxistas-leninistas. No es fácil, pero aprender a combatir juntas desde la honradez, el respeto y la sinceridad, buscando lo que nos une y analizando y criticando fraternalmente lo que nos separa puede ser la clave de la victoria. Eso espero, al menos…

        Definir el marxismo-leninismo como “la teoría y praxis de que una minoría organizada y presuntamente “consciente” de “revolucionarios” autoelegidos tenga el “derecho” a gobernar dictatorialmente sobre la clase trabajadora con la excusa de que ésta quizá no tenga suficiente conciencia de clase”, me parece bastante unilateral por tu parte. Ese es un aspecto de lo que ha sido históricamente la experiencia de la transición socialista al comunismo del marxismo-leninismo, no lo niego, y comparto en gran parte esa crítica. Es posible que muchas marxistas-leninistas sinceras también lo hagan. La dictadura revolucionaria del proletariado debe ejercerse por medio de las Batzarres populares y las Asambleas obreras, y el partido revolucionario (o los partidos y organizaciones) lo que tienen que hacer es convencer a la peña en la estructuras del Poder obrero y popularcon argumentos y razones. Todo el poder a las asambleas y batzarres, en eso estamos todas de acuerdo. De los errores se aprende. Pero de todos los errores, y cada corriente tiene los suyos, ninguna corriente revolucionaria está limpia e inmaculada en esta historia.

        Pero eso que señalas no es todo el marxismo-leninismo, no es toda su historia y su práctica, y menos aún lo que sabemos de nuestras compañeras marxistas-leninistas de la Herritar Batasuna.

        Lo de Corea del Norte es un poco de mal gusto (por decirlo suavemente) en este momento en que ese pequeño país está amenazado directamente de muerte por el imperialismo yanki y sus títeres locales. Lo mismo se dijo y se dice de Afganistán, de Somalia, de Libia, de Irak, de Siria, de Venezuela, de Irán… Y luego pasa lo que pasa.

        No conozco mucho Corea del Norte, pero la defenderé a muerte contra el imperialismo americano, el japonés y la colonia yanki de Corea del Sur. Como defiendo la Siria antifascista y antimperialista que resiste, como defiendo el derecho de Irak contra el imperialismo yanki, o el Donbas contra los fascistas ucranianos, y la lucha afgana contra la invasión imperialista, o la resistencia libia, o yemení, o somalí o la que sea, aunque no esté de acuerdo con todo lo que hacen y dicen. Ni falta que hace.

        Bueno, Maju, gran debate en el horizonte. Ya me dirás.

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        • el Mayo 10, 2017 a las 2:18 pm
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          Entiendo que el tema levante ampollas. Ya te dije en su momento que había muchas cosas que podría definir como “pasadistas” u “obsoletas” que no acababa de ver yo claro, no tanto en la Herritar Batasuna en sí, sino en los partidos que la conforman, y por eso era reticente a arrimarme a ella, cosa que hice sólo por tu insistencia. Tengo que decir que desde que estoy dentro veo mucha más afinidad en lo concreto en asambleas, comités y comunicaciones informales, aunque no siempre es así, el otro día tuve un mini-debate a cara de perro sobre este mismo tema y fue en parte lo que me hizo reflexionar: quiero cooperar con un posible Stalin futuro? Ni siquiera creo que el leninismo o estalinismo sea viable hoy día, ni de lejos, pero éticamente me produce contradicciones extremas y mi actitud básica es de que no, en ningún caso. Es posible que el leninismo-estalinismo sea extrema izquierda pero desde luego no es izquierda radical: hay un error brutal que quizá comienza como “izquierdismo” (irse demasiados pasos delante del pueblo, por usar el consejo de Lenin) y que acaba como “derechismo” plátonico de consecuencias inaceptables.

          Y digo “platónico” porque era Platón el que detestaba la democracia (poder popular) y favorecía en cambio una aristocracia (gobierno de “los mejores” o de “los sabios”) utópica, que es exactamente lo que la dictadura de partido trata de ser, pero acaba siendo en muchos casos al menos un monstruo que juega en manos del Capitalismo y que mantiene a la clase trabajadora “infantilizada” de forma permanente, cuando no explotada por el Reinischekapitalismus (China) o el Capitalismo de Estado casi puro (Corea del Norte).

          Pero mira, incluso en el mini-debate ese que tuvimos el otro día en Bilbo, estábamos todos de acuerdo en que no hay un único imperialismo, sino varios (como debiera admitir cualquier persona que use el término basándose en Lenin). Que además del imperialismo yanki y occidental, hay imperialismo ruso, chino, etc. Y sí: China es hoy día un estado capitalista y la bandera roja no debería engañar a nadie. También lo es Corea del Norte porque allí tampoco los trabajadores tienen el poder, sino que de hecho son explotados por el estado-capital de forma bastante extrema y terrorífica, e incluso haciendo negocios con empresas occidentales muy a menudo, p.e. exportan trabajadores a los astilleros de Gdansk, Polonia, que compiten deslealmente con los nuestros (y luego le echan la culpa a la otra Corea, no se sabe ni por qué, porque el coste de la mano de obra en Corea del Sur no es menor que en Españistán, pero en Corea del Norte y Polonia sí), p.e. ayer leía que una de las razones ocultas detrás de las tensiones en Corea es el hallazgo (por una empresa privada occidental, que es socia del régimen norcoreano) del mayor yacimiento de tierras raras (fundamentales en electrónica) hallado jamás, que por sí solo duplica las reservas conocidas de estos minerales escasos y estratégicos.

          Que Corea del Norte está amenazada por EE.UU.? No te preocupes: es un protectorado ruso-chino y no les van a tocar un pelo, exactamente lo mismo que con Irán, etc. No hay posibilidad real de una guerra inter-imperialista debido a que la amenaza de una guerra nuclear total es demasiado terrorífica incluso para los capitalistas más desalmados y los líderes políticos más alocados. Esta es una diferencia fundamental con el análisis del Imperialismo (siempre multipolar) hecho por Lenin, por lo demás la situación actual del Imperialismo es muy parecida: con EE.UU. en el papel de Gran Bretaña, el antiguo imperio decadente, y China en el de Alemania, la estrella ascendente de inmensa productividad pero escaso imperio histórico, que trata de compensar a base de co-optar a estados semi-independientes (con bastante éxito, por cierto), más otras potencias menores (Rusia, India, Brasil, Japón, Alemania…) en el papel de las potencias menores de 1914-18 (Francia, Austria-Hungría, Italia, etc.) En lugar del Ferrocarril de Bagdad y Cairo-El Cabo, tenemos la Ruta de la Seda y Pipelinistán, en lugar de los Balcanes tenemos Oriente Medio, etc. pero todo se parece demasiado excepto la amenaza de guerra nuclear total, que efectivamente impide la resolución bélica de las tensiones inter-imperialistas sin duda crecientes.

          Para ser “anti-leninista” cito mucho a Lenin, verdad? Siento levantar ampollas pero es lo que hay: hay que hacer una crítica profunda del leninismo. El Lenin teórico es en gran medida muy interesante pero el Lenin práctico la pifió claramente, por un lado de forma clara a partir de cierto momento en el que se sofoca y se somete a control vertical y policial estricto al poder popular de los soviets, que poco antes había sido su bandera (Lenin traiciona a Lenin? Yo diría que sí), pavimentando el terreno para el estalinismo y el post-estalinismo decadente. Si vamos a idealizar a algún líder “comunista” del s. XX, casi prefiero a Mao, que, a pesar de jugar dentro del paradigma estalinista, se opuso en todo momento a la burocracia y jerarquía del partido apoyándose decididamente en un poder popular “parcial” como eran las juventudes comunistas y su revolución cultural permanente (y también anteriormente negándose a pactar con el KMT, excepto durante el interludio de la invasión japonesa, como exigía la dirección de la Komintern y el propio PCC subordinado a ésta).

          Por otro lado, hay una crítica de Engels (1874) al blanquismo que se puede aplicar casi literalmente al leninismo:

          “A partir de la concepción de Blanqui de toda revolución como un golpe de mano de una pequeña minoría revolucionaria, se deriva por sí misma la necesidad de una dictadura tras su éxito: la dictadura por supuesto, no del conjunto de la clase trabajadora, el proletariado, sino del pequeño número de aquellos que llevaron a cabo el golpe y que estaban ya anteriormente organizados como la dictadura de uno o unos pocos individuos”.

          Aunque el debate que tuvimos duró apenas unos minutos este tema de la dictadura del proletariado o de una minoría vanguardista surgió. Y adivina lo que me respondió escépticamente el más “estalinista” cuando yo demandaba el poder popular para poder ejercer esa “dictadura de clase”: “de todos los trabajadores, también los que creen en Dios?” (cito de memoria pero es casi exacto).

          Este debate es muy necesario, y si levanta ampollas es porque deben ser levantadas.

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          • el Mayo 10, 2017 a las 2:46 pm
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            PD- Estoy releyendo este documento (en inglés) que evalúa históricamente el blanquismo (precursor claro del leninismo) dentro del marxismo del s. XIX: http://blanqui.kingston.ac.uk/wp-content/uploads/Johnstone-Marx-Blanqui-and-majority-rule-1983.pdf

            Se ve cómo Engels en “La Guerra Civil en Francia” alaba a los blanquistas, que de hecho lideraron la Comuna de París, por hacer precisamente lo contrario de lo que estaban entrenados a hacer, por no ejercer una dictadura vanguardista sino, al contrario, en el momento de la verdad, ceder todo el poder al pueblo e intentar organizar una federación de comunas.

            Se ve también como Marx mismo, generalmente más cauteloso que Engels, subraya la importancia del sufragio universal: “nada podría ser más extraño al espíritu de la Comuna que reemplazar el sufragio universal por una investidura jerárquica”. También habla de elección directa, responsable y revocable, de funcionarios, jueces y magistrados, cosas que podría firmar casi cualquier anarquista incluso. Hay que decir que, en su entusiasmo inicial por el sufragio universal, en otros momentos Marx más bien parece aproximarse a la social-democracia no-revolucionaria, aunque en otros momentos sí que matiza que no es “ninguna varita mágica” (pero que tiene virtudes innegables en cualquier caso, cuando menos la de incrementar las contradicciones en el régimen burgués reformado).

            En este sentido entiendo que hay contradicciones tremendas entre Marx y Engels por un lado, y Lenin por el otro, y por eso rechazo como aberrante u oxímoron el término “marxismo-leninismo”.

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  • el Mayo 8, 2017 a las 6:53 pm
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    Vaya, se me ha quedado el comentario a medias, mil perdones. Sigo:

    El sujeto revolucionario es la clase trabajadora, es decir: el 90% de la población, aquí, en Timbuktú y en Chicago, ahora y en la era feudal (lo que varía es su composición interna y su concentración/conexión, antaño escasa ahora acentuada por el Capitalismo). En este sentido no se pierde gran cosa por usar términos como “pueblo” o “el 90%”, puesto que el Pueblo es clase trabajadora al 90% de pureza.

    Sin embargo el sujeto de autodeterminación nacional no es la clase trabajadora, sino la nación, es decir: el pueblo auto-identificado étnicamente y (si hay suerte) con voluntad política de emanciparse de la opresión extranjera y autogobernarse. El pueblo-nación puede ser interclasista, como pueden ser los sujetos de otras luchas (“las mujeres”, “los inmigrantes”, “los gitanos”, etc.), eso no es en sí un problema sino un hecho (el socialismo científico comienza en los hechos, no en los eslóganes), y es algo que nos da bastante igual, puesto que el 90% de cualquier pueblo (y por lo general de otros sujetos en lucha “sectorial” también) es clase trabajadora.

    Entonces cuando hablamos de Pueblo Trabajador Vasco, lo que hacemos es una intersección entre ambas categorías: clase trabajadora y pueblo-nación, fusión (y subdivisión de la clase trabajadora en base a la nacionalidad, no legal sino identitaria o étnica) que está plenamente justificada, puesto que la lucha de clases no ocurre en un vacío abstracto, sino en una sociedad y territorio que están en gran medida articulados a priori por esas identidades etno-nacionales.

    Me ha quedado cortado lo que decía del Leninismo. Mi punto de vista respecto a Lenin es respeto, sobre todo en la teoría pero bastante menos en la práctica, porque fue Lenin el que inauguró la dictadura elitista-vanguardista soviética, negando el Poder Popular soviético. Y eso hay que criticarlo con toda la implacabilidad necesaria. Es un proceso histórico que está ahí pero que no debe ser tomado como base, mucho menos en la medida que corresponde a la fase fordista o disciplinaria del Capitalismo, fase que caducó hace décadas; ahora estamos ya en la fase toyotismo o social, donde no caben apenas los liderazgos autoritarios de aquella época, más aún: estamos en la fase terminal del toyotismo y del propio capitalismo, al menos así lo entiendo yo. Por eso hay que ser radicales (científicos) y no dogmáticos, hay que ser horizontales, participativos y democráticos y no verticales, sectarios y autoritarios. En la medida en que no entendamos esto, este proyecto fracasará víctima de sus propias rigideces y obsolescencia (teórica y práctica).

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  • el Mayo 8, 2017 a las 6:32 pm
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    No me gusta: no me gusta partir de la muy perniciosa escisión de la Primera Internacional (sería el “marxismo”), que poco después se disolvió como un azucarillo, para surgir después como internacional social-demócrata, generalmente dominada por los bersteinianos pro-burgueses. Yo respeto mucho al marxismo en general pero también tengo críticas, entre otras a cierta arrogancia y cierta tendencia autoritaria que más tarde daría amargos frutos (lo mismo que tengo críticas a la tendencia anarquista, faltaría más: excesivo purismo, tendencia a la desorganización, etc.) y a ambas por su falta de sensibilidad nacional por lo general (excesivo enfoque de “clase” que desdeña las otras contradicciones/opresiones).

    Desde luego no me gusta nada la noción de marxismo-leninismo, que incluso se podría argumentar que es un oxímoron o contradicción en los términos, ya que en ningún momento Marx plantea o acepta que un subgrupo de auto-elegidos como vanguardia pueda reemplazar a la clase en su totalidad o a la mayoría de esta como defenderían primero Blanqui y luego Lenin. Más aún, aunque Marx parece respetar a Blanqui, Engels le hace críticas muy demoledoras que de hecho vaticinan lo que luego ocurriría en la URSS y otros lugares: la dictadura de una vanguardia (o “aristocracia” platónica) en lugar del Poder Popular o incluso la auténtica dictadura del proletariado como clase.

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